Evangelio del Día

EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 04 DE FEBRERO

IV Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (24, 2. 9-17):
En aquellos días, el rey David dijo a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: «Recorran todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y hagan el censo de la población para que yo sepa cuánta gente hay».
Joab entregó al rey el resultado del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, que manejaban la espada; y en Judá, quinientos mil. Pero después de haber hecho el censo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: «He pecado gravemente al hacer esto. Pero ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido una gran locura».
Al día siguiente, el Señor envió la peste a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado, y murieron setenta mil hombres. Cuando el ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla, David dijo al Señor: «¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Descarga tu mano sobre mí y sobre mi familia».
Palabra de Dios


Salmo Responsorial (Salmo 31)
R/. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.
* Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y a quien le han sepultado su pecado. Dichoso el hombre a quien el Señor no le toma en cuenta su delito y en cuyo espíritu no hay engaño. R/.
* Había pecado, lo reconocí, no te oculté mi culpa; me dije: «Confesaré al Señor mi rebeldía», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.
* Por eso, que todo fiel te invoque en el momento de la angustia. Aunque las aguas caudalosas se desborden, no lo alcanzarán. R/.


Evangelio del dia
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6, 1-6):
> En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?».
> Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Palabra del Señor

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