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En Nigeria los obispos alzan la voz y exigen medidas urgentes para detener la violencia que desangra al país

La Iglesia en Nigeria expresó una fuerte y dolorosa denuncia ante la escalada de violencia que afecta al país. Tras los recientes secuestros masivos en dos escuelas y el ataque a una iglesia pentecostal, la Conferencia Episcopal Nigeriana emitió un comunicado en el que exige al gobierno implementar acciones inmediatas y concretas para garantizar la seguridad de toda la población, especialmente de las comunidades cristianas que siguen siendo blanco frecuente de ataques.

El llamado se produce tras el secuestro de 12 profesores y 303 estudiantes de la Escuela Católica Santa María de Papiri —de los cuales cincuenta lograron escapar—, el rapto de 25 estudiantes en una escuela del estado de Kebbi, el violento ataque a una iglesia pentecostal en Eruku (estado de Kwara) y el secuestro de un sacerdote católico en la Arquidiócesis de Kaduna. Los obispos señalan que estos hechos representan solo “la punta del iceberg” dentro de una crisis que ha tensado gravemente el tejido social y religioso del país.

En su mensaje, los obispos afirman que “bandas asesinas continúan sembrando el terror entre ciudadanos indefensos”, provocando un sufrimiento indescriptible. Lamentan que numerosas comunidades de mayoría cristiana, particularmente en el norte y centro del país, hayan sido reiteradamente atacadas y desplazadas. También denunciaron las persistentes violaciones a la libertad religiosa, como la negación de terrenos para construir templos o la destrucción de lugares de culto.

El obispo Bulus Dauwa Yohanna, de la diócesis de Kontagora —donde se encuentra la Escuela Santa María—, advirtió que la población está agotada y en riesgo de tomar justicia por mano propia si no se actúa con rapidez. “La inseguridad es ya parte del día a día. El gobierno debe tomar medidas drásticas para proteger la vida y los bienes”, afirmó.

El prelado también expresó su preocupación por la motivación de los ataques, señalando que muchas veces los grupos armados simplemente buscan “blancos fáciles”, lo que vuelve vulnerable tanto a cristianos como a musulmanes. A pesar de ello, subrayó la necesidad de evitar divisiones y de trabajar unidos por la paz.

La Conferencia Episcopal llamó a cada nigeriano a ser “agente de sanación”, rechazando el odio y las represalias, y promoviendo la justicia, el diálogo y el respeto mutuo. Asimismo, instó a la comunidad internacional a asumir un papel más activo, ya que su ausencia ha agravado la crisis.

Los obispos advirtieron que, sin medidas urgentes y coordinadas, la violencia corre el riesgo de desembocar en un conflicto aún mayor. Aun así, reafirmaron que la esperanza permanece viva y que la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren, sosteniendo la oración y la búsqueda incansable de la paz.

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