La Santa Sede

El Papa León XIV: “El amor es el ornamento más hermoso del hombre”

El Santo Padre celebró la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María en la Parroquia Pontificia de San Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, y llamó a reconocer la verdadera belleza en el amor, la caridad y la entrega cotidiana.

Castel Gandolfo, 15 de agosto de 2026.– En la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, el Santo Padre León XIV presidió la Santa Misa en la Parroquia Pontificia de San Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo. Durante su homilía, invitó a los fieles a contemplar en María el destino al que está llamada toda la humanidad y a descubrir la verdadera belleza más allá de los criterios impuestos por la sociedad.

La belleza que transforma

El Santo Padre explicó que la Asunción de María en cuerpo y alma a la gloria celestial manifiesta la plenitud de la gracia recibida por la Madre de Dios. A partir de esta verdad de fe, reflexionó sobre la relación entre la belleza exterior, el paso del tiempo y la transformación interior que produce el amor.

León XIV señaló que la verdadera belleza no consiste en esconder los signos de la edad o del sufrimiento, sino en permitir que la vida refleje “los signos del amor que no tiene fin”.

En este sentido, advirtió sobre los cánones estéticos de carácter hedonista y consumista que pueden llevar a las personas a concentrar sus esfuerzos en aspectos pasajeros, olvidando aquello que posee un valor permanente.

“El amor es el ornamento más hermoso”

El Papa destacó que existen personas cuyo rostro lleva las marcas de los años y de las dificultades, pero que transmiten serenidad, bondad y paz. Del mismo modo, recordó que una apariencia atractiva no siempre refleja la belleza interior.

Por ello, invitó a aprender a reconocer la belleza de Dios en las diferentes etapas y circunstancias de la vida: “en el rostro tierno de un niño”, “en las arrugas de un anciano”, en la juventud, en la adultez y también en el trabajo cotidiano.

“El amor es el ornamento más hermoso del hombre”, afirmó León XIV, destacando que el amor es capaz de transformar, ennoblecer y acercar a la persona a Dios, incluso en medio de las dificultades.

María, encuentro entre el cielo y la tierra

Al reflexionar sobre el Magníficat, proclamado en el Evangelio de la Solemnidad, el Santo Padre presentó a María como aquella en quien se encuentran lo infinito y lo finito, lo eterno y lo temporal.

Recordó que la Madre de Dios, desde su condición de humilde sierva, muestra que los grandes misterios de Dios pueden hacerse presentes en las realidades sencillas de la vida cotidiana.

León XIV invitó a descubrir esa presencia de Dios allí donde existe verdadera caridad: en los padres que regresan cansados del trabajo para encontrarse con sus hijos, en los abuelos que cuidan de sus nietos, en los jóvenes que buscan vivir con honestidad y en tantas personas que, con fe y dedicación, trabajan cada día para “llevar un poco de Cielo sobre la tierra y la tierra hacia el Cielo”.

María, imagen de la Iglesia y esperanza

El Santo Padre afirmó que el rostro de la Asunción, aunque supera toda representación artística, también puede reconocerse en las personas que comparten con nosotros la vida y la fe.

Recordó que el Concilio Vaticano II presenta a María como “imagen y principio de la Iglesia” y “signo de esperanza cierta y de consuelo”. En ella, explicó, la humanidad contempla también el destino al que está llamada: participar de la plenitud de la vida y de la gloria de Dios.

Seguir la luz del Resucitado

Al concluir su homilía, León XIV retomó las palabras de san Agustín sobre la Resurrección de Cristo para invitar a los fieles a hacer del Señor su brújula y punto de referencia.

“Sigamos la luz del Resucitado, cambiando de rumbo si es necesario”, exhortó.

Finalmente, animó a los fieles a mirar especialmente a María, a quien Dios coronó de gloria en alma y cuerpo y que ha sido entregada a la Iglesia como Madre, guía, compañera de camino y protectora en el camino hacia el Cielo.

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