Evangelio del Día

EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO | 01 DE JUNIO

Primera Lectura | 2 Pedro 1, 1-7
Yo, Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, les escribo a ustedes, los que han obtenido una fe tan preciosa como la nuestra, gracias a la justicia de Jesucristo, nuestro Dios y Salvador. Que abunden entre ustedes la gracia y la paz, por el conocimiento de Jesucristo, nuestro Señor.
Su acción divina nos ha otorgado todo lo necesario para llevar una vida de santidad, mediante el conocimiento profundo del que nos ha llamado con su propia gloria y poder. Por medio de los cuales nos han sido otorgados también los grandes y maravillosos bienes prometidos, para que por ellos puedan ustedes escapar de la corrupción que las pasiones desordenadas provocan en el mundo, y lleguen a participar de la naturaleza divina. Por eso, esfuércense en añadir a su fe, buena conducta; a la buena conducta, el conocimiento; al conocimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la piedad; a la piedad, el amor fraterno, y al amor fraterno, la caridad.
Palabra de Dios

Salmo | 90, 1-2.14-16
℟. Dios mío, confío en ti.
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti. ℟
Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación. ℟
Lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación. ℟

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 1-12
En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:
“Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.
A su tiempo, les envió a los viñadores un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.
Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?”
Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí.
Palabra del Señor

Comentario al Evangelio
San Buenaventura, obispo y Doctor de la Iglesia (s. XIII) • La Viña Mística. Admirable trueque. Capítulo 5, 4-5.
¡Dulce Jesús, en qué estado te veo! Manso y cariñoso, único Salvador de nuestras viejas heridas, ¿quién te condenó a una muerte tan amarga? ¿quién te condujo a sufrir estas heridas, no sólo crueles sino también ignominiosas? Dulce viña, buen Jesús, he aquí el fruto que da tu viña. Hasta el día de tus bodas, has esperado pacientemente a que produzca uvas, y ella no ha dado más que agrazones (Is 5, 6). Ella te ha coronado de espinas, te ha envuelto en las espinas de sus pecados. ¡Esta viña, que no ha dejado de ser tuya, se ha convertido en una viña extranjera, se ha convertido en una viña amarga! Ella te ha renegado y ha gritado: «nosotros no tenemos otro rey más que el César» (Jn 19, 15). Después de haber expulsado el viñedo de tu ciudad y tu heredad, estos viñedos te han llevado a la muerte: no de un golpe, sino después de haberte abatido por el largo tormento de la Cruz y haberte torturado por las heridas de látigos y clavos. Señor Jesús, tú mismo entregas tu vida a la muerte – nadie te puede reemplazar, eres Tú mismo el que la das (Jn 10, 18) – ¡Qué trueque más admirable! El Rey se da por el esclavo, Dios por el hombre, el Creador por la criatura, el Inocente por los culpables.

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