Séptimo día del Novenario en honor a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: un llamado a practicar la justicia desde la conversión del corazón

La reflexión de la jornada destacó que la verdadera justicia nace de una vida espiritual, de la oración y del compromiso con los hermanos, teniendo a Cristo como fundamento de toda transformación.
En el marco del séptimo día del Novenario en honor a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la comunidad de fieles meditó sobre el tema “Practicar la Justicia”, profundizando en el sentido cristiano de este valor esencial para la vida personal y social.
La justicia desde la perspectiva cristiana, es mucho más que el cumplimiento de normas: es una expresión del amor de Dios que transforma el corazón y se proyecta en el servicio al prójimo.
La Homilia resaltó que la justicia de Dios debe mantener un perfecto equilibrio entre la vida espiritual, la intimidad con el Señor, la oración constante y el compromiso concreto con los hermanos dentro de la sociedad. Se recordó que la verdadera justicia no puede separarse de la fe, pues ambas se fortalecen mutuamente.
Asimismo, se destacó que la justicia constituye un bien común intangible que sostiene la convivencia entre las personas. No es una opción ni un simple adorno moral, sino el cimiento espiritual sobre el cual se edifica la vida de un pueblo. Cuando el corazón humano se aleja de Dios, ese fundamento se debilita y la justicia pierde su auténtico sentido.
La reflexión concluyó señalando que la justicia espiritual debe ser la raíz de toda acción cristiana. Esta comienza con la conversión del corazón, el arrepentimiento sincero y el reconocimiento de que todos necesitamos la salvación que ofrece Jesucristo. Sin esta base espiritual, incluso las mejores iniciativas humanas corren el riesgo de vaciarse de su verdadero significado y convertirse únicamente en proyectos ideologizados.
El séptimo día del novenario renovó en los presentes el compromiso de vivir una fe que se traduzca en obras de justicia, misericordia y amor, siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, quien conduce siempre a sus hijos hacia Cristo, fuente de toda verdad y justicia



