La Santa Sede

Papa León XIV clausura el Consistorio Extraordinario con un llamado a construir una cultura de paz y fortalecer la sinodalidad

El Santo Padre alentó a los cardenales a promover una Iglesia que escuche, discierna y camine unida, al tiempo que reiteró que la violencia nunca tendrá la última palabra y anunció su intención de celebrar un consistorio anual.

Al concluir los trabajos del Consistorio Extraordinario celebrado del 26 al 27 de junio de 2026, el Santo Padre León XIV dirigió un profundo discurso al Colegio Cardenalicio en el que invitó a la Iglesia a renovar su compromiso con la paz, la sinodalidad y el servicio al bien común, subrayando que la misión eclesial debe responder con esperanza a las heridas del mundo.

Solidaridad con Venezuela

Antes de iniciar su reflexión final, el Pontífice expresó su cercanía al pueblo de Venezuela, afectado por un fuerte terremoto, manifestando la solidaridad de toda la Iglesia con las víctimas, sus familias y quienes participan en las tareas de rescate. Asimismo, pidió el apoyo de la comunidad internacional para aliviar el sufrimiento de la población.

Una Iglesia que camina unida

En su mensaje, el Santo Padre agradeció el clima de fraternidad y libertad vivido durante el consistorio, destacando que el encuentro permitió a los cardenales escuchar la voz del Espíritu Santo a través del diálogo y el discernimiento común.

Tomando como referencia el pasaje evangélico de los discípulos de Emaús, explicó que la experiencia compartida durante estos días fortaleció la esperanza y renovó el impulso misionero de la Iglesia, llamada a regresar a cada comunidad con una mirada renovada y confiada en la acción de Cristo.

La sinodalidad, un estilo de vida eclesial

Uno de los ejes centrales del discurso fue la implementación del proceso sinodal. El Papa recordó que la verdadera pregunta no consiste en quién toma las decisiones dentro de la Iglesia, sino en cómo custodiar juntos el don recibido del Señor.

Asimismo, afirmó que la sinodalidad no debe entenderse únicamente como reuniones o métodos de trabajo, sino como un auténtico estilo espiritual basado en la escucha, el discernimiento y la conversión personal y comunitaria.

Responder a las heridas del mundo

Durante su intervención, el Santo Padre valoró las reflexiones de los cardenales sobre los desafíos que enfrenta la humanidad: las guerras, la violencia, la pobreza, las injusticias y, especialmente, la creciente soledad y pérdida de esperanza.

En este contexto, mostró una especial preocupación por la situación de los jóvenes, reconociendo que muchos experimentan un profundo vacío existencial. Invitó a la Iglesia a escucharlos con humildad, convencido de que el Evangelio continúa respondiendo a las inquietudes más profundas del corazón humano. También destacó el papel fundamental de la familia como espacio privilegiado donde nacen la solidaridad y la esperanza.

Promover una cultura del diálogo y la no violencia

El Pontífice retomó algunas de las enseñanzas de su encíclica Magnifica humanitas, señalando que la guerra tiene su origen en una cultura del poder que afecta las relaciones humanas, la economía, la política e incluso la vida religiosa.

Por ello, animó a reconstruir una cultura de la cooperación, del diálogo y del multilateralismo, resaltando además el valor de la respuesta no violenta como expresión auténticamente evangélica frente a los conflictos. En esa línea, indicó que la reflexión sobre la legítima defensa deberá seguir profundizándose desde una perspectiva teológica y pastoral.

La Doctrina Social y el bien común

El Santo Padre también subrayó la importancia de fortalecer la Doctrina Social de la Iglesia como herramienta de formación de las conciencias y de discernimiento pastoral.

Recordó que el bien común necesita ser redescubierto en una sociedad marcada por la fragmentación y llamó a la Iglesia a crear espacios de encuentro, escucha y diálogo donde pueda crecer una cultura fundada en la dignidad de cada persona y en la responsabilidad compartida.

Un consistorio cada año

En la parte final de su discurso, el Papa manifestó su deseo de que el Consistorio no permanezca como un acontecimiento aislado, sino que se convierta en una práctica estable de comunión y discernimiento.

Por ello anunció su intención de convocar este encuentro de manera anual a partir del próximo año, como una forma de fortalecer la colaboración entre el Sucesor de Pedro y el Colegio Cardenalicio al servicio de toda la Iglesia.

«La violencia no tendrá la última palabra»

Como conclusión, el Santo Padre hizo suyo el llamado unánime surgido durante el Consistorio y exhortó a anunciar al mundo que Dios desea la paz para todos los pueblos.

«No debemos resignarnos a la violencia. La violencia no tendrá la última palabra. Dios sigue abriendo en la historia caminos de reconciliación y de paz», afirmó, invitando a toda la Iglesia a recorrer esos caminos con valentía y esperanza.

Finalmente, encomendó los frutos del Consistorio a la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, para que enseñe a los cristianos a custodiar la unidad en la diversidad y servir al Evangelio de la paz con humildad y confianza.

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