El Papa León XIV llama a las religiosas a fortalecer la comunión y despertar al mundo con el testimonio de Cristo

En un mensaje en video dirigido a la Asamblea Anual de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos, el Santo Padre destacó la importancia de la sinodalidad, la diversidad de carismas y la promoción de las vocaciones religiosas, con motivo del 70.º aniversario de la organización.
El Santo Padre León XIV expresó su cercanía espiritual a las integrantes de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR, por sus siglas en inglés), reunidas del 11 al 14 de agosto en el Centro Rosen de Orlando, Florida, para celebrar su Asamblea Anual de 2026 y los 70 años de fundación de la organización.
En su mensaje, el Pontífice extendió también su saludo a los religiosos y religiosas de diversas congregaciones de todo el continente americano que participan en el encuentro.
Llamados a construir la comunión
El Santo Padre subrayó que, pese a las diferentes historias, comunidades y apostolados de los institutos religiosos, todos están llamados a promover la unidad dentro de sus propias congregaciones y en el conjunto de la Iglesia.
Recordó que todos los cristianos tienen la misión de ser «constructores de la comunión de Cristo» y vivir una Iglesia sinodal, en la que cada persona coopera en la misión común de acuerdo con su propio carisma y ministerio.
En este sentido, señaló que quienes viven la vida consagrada están llamados de manera particular a convertirse en «expertos en sinodalidad», debido a las posibilidades que ofrece la vida comunitaria para practicar la escucha, el diálogo y el discernimiento.
El Pontífice valoró especialmente que la Asamblea incluyera un método sinodal basado en la escucha y el diálogo, invitando a sus participantes a abrirse a lo que el Espíritu Santo quiere comunicar a la Iglesia sobre el presente y el futuro de la vida consagrada.
Muchos carismas, un solo Espíritu
Bajo el lema «Muchos carismas, un solo Espíritu, una sola vocación», la Asamblea reflexiona sobre la riqueza y diversidad de las formas de vida consagrada.
León XIV manifestó su gratitud por la contribución histórica de las congregaciones religiosas en ámbitos como la evangelización, la educación y la atención a los pobres y marginados.
Asimismo, invitó a las religiosas y religiosos a mantener presentes los carismas que Dios confió a sus fundadores y fundadoras, destacando que la Iglesia necesita la diversidad y riqueza de las distintas formas de consagración y ministerio.
«Con tu vitalidad y el testimonio de una vida centrada en Jesús, puedes contribuir a despertar al mundo», afirmó el Santo Padre, quien alentó a afrontar la «globalización de la indiferencia y la impotencia» mediante el amor y la misericordia de Cristo.
Una invitación a promover las vocaciones
Otro de los puntos centrales del mensaje fue la necesidad de fomentar las vocaciones religiosas. León XIV afirmó que esta tarea resulta fundamental para el auténtico florecimiento de la vida consagrada.
El Papa destacó que la llamada de Cristo a seguirlo mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia puede conducir a la alegría, la paz y la plenitud.
Al mismo tiempo, señaló que, aunque la secularización continúa siendo un desafío, existe también una creciente sed de Dios. Recordó su reciente Viaje Apostólico a España, donde afirmó que muchos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, incluso después de haberse alejado de Dios durante un tiempo.
Por ello, exhortó a las religiosas a acercarse especialmente a los jóvenes y presentarles con claridad y alegría la vida consagrada, ayudándolos a escuchar la voz del Señor y animándolos a responder con valentía a su llamada.
La Iglesia necesita vuestra diversidad y riqueza
Al concluir su mensaje, el Santo Padre deseó que la Asamblea produjera frutos y aseguró a sus participantes su cercanía espiritual.
También encomendó los trabajos del encuentro a la protección maternal de María, Madre de la Iglesia, para que interceda por las religiosas, religiosos y comunidades que representan.
El mensaje concluyó con la bendición del Santo Padre: «Que Dios Todopoderoso los bendiga a todos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén».



