RESUMEN | HOMILIA DEL ADMINISTRADOR DIOCESANO PBRO. JULIAN CRISTALDO

El Pbro. Julián Cristaldo: “El catequista es testigo de la esperanza en medio de los desafíos del mundo”
En el marco del Jubileo de la Esperanza, el Administrador Diocesano, Pbro. Julián Cristaldo, presidió la Santa Misa y dirigió una homilía profundamente inspiradora en la que destacó la misión irremplazable de los catequistas en la vida de la Iglesia.
Partiendo del Evangelio según San Lucas, donde Jesús afirma: “He venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”, el sacerdote explicó que ese fuego no es un signo de destrucción, condena o castigo, sino el fuego del Espíritu Santo y del amor de Dios, llamado a encender los corazones y transformar las comunidades.
El Pbro. Cristaldo agradeció a Dios por la celebración y dirigió palabras de gratitud a sus hermanos sacerdotes, reconociendo el esfuerzo de quienes, aun con múltiples tareas pastorales, siembran en el corazón de los catequistas el amor a Jesucristo y a su Iglesia. Pero en especial, resaltó la entrega generosa de los catequistas:
“En tantos rincones de nuestras diócesis donde no llega un sacerdote, ahí está el catequista, sosteniendo la fe de la comunidad, transmitiendo la llama del Evangelio, siendo el corazón que late por Cristo y sus hermanos”.
El administrador diocesano subrayó que el catequista es testigo de la esperanza en medio de los desafíos y heridas del mundo actual. Señaló que muchos niños, jóvenes y familias cargan con sufrimientos, violencia, abandono y falta de sentido en la vida, y es allí donde la presencia del catequista se vuelve consuelo y sostén. “Cada encuentro de catequesis es un anuncio valiente de que la esperanza no defrauda”, expresó.
Recordó también que la vocación catequística no es un mérito humano, sino una elección divina, un llamado de Cristo que invita a la entrega y al servicio. “El Señor nos eligió, no porque seamos mejores, sino porque le agradó elegirnos. Nos colocó como columnas de la fe en nuestras comunidades”, señaló, animando a los catequistas a renovar su “sí” al Señor.
El sacerdote advirtió contra el riesgo de interpretar de manera literal o fundamentalista el Evangelio, como si el fuego anunciado por Jesús fuese sinónimo de castigo. “Ese no es el rostro de Dios que reveló Cristo”, afirmó, insistiendo en que el verdadero fuego es el del amor divino que purifica, ilumina y da vida.
Asimismo, reconoció que abrazar la fe con autenticidad puede generar incomprensiones y divisiones incluso en el propio entorno familiar, tal como lo señala el Evangelio. “El amor cristiano incomoda porque confronta, exige cambio de vida y nos saca de la indiferencia”, explicó. Sin embargo, recordó que esta llama no se impone, sino que se contagia con testimonio, con oración, con la Eucaristía y con el servicio humilde a los demás.
Finalmente, exhortó a los catequistas a no dejar que el fuego del Espíritu se apague en sus corazones y comunidades:
“Jesús anhela que nuestras parroquias se inflamen de su amor, de su misericordia y de su perdón. Nuestra misión es atizar esa llama, contagiarla a los demás, ser portadores de esperanza en medio de un mundo herido”.
El Pbro. Cristaldo concluyó encomendando a todos los catequistas a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de los Catequistas, pidiendo que los acompañe en su vocación y los sostenga en el anuncio valiente del Evangelio.



