La Santa Sede

Once mártires y cuatro nuevos venerables: testigos del amor que no muere.

Ciudad del Vaticano, 24 de octubre de 2025.
La Iglesia se alegra y da gracias al Señor por el don de once nuevos mártires y cuatro nuevos venerables, cuyas vidas fueron signo luminoso de fidelidad y amor a Dios.
El Papa León XIV aprobó los decretos que reconocen su testimonio, fruto del Espíritu Santo que sigue obrando en medio de su Iglesia.

Márires del Evangeli
Nueve sacerdotes salesianos polacos, asesinados entre 1941 y 1942 en los campos de Auschwitz y Dachau, ofrecieron su vida sin renunciar a su fe.
Allí, donde reinaba la oscuridad, ellos fueron consuelo, esperanza y presencia de Cristo crucificado entre los más olvidados.
Su muerte fue semilla de nueva vida para la Iglesia en Polonia y para todos los que creen que la fidelidad a Dios nunca es en vano.

También fueron reconocidos los sacerdotes Jan Bula y Václav Drbola, de la diócesis de Brno, mártires del régimen comunista en la antigua Checoslovaquia.
Fueron perseguidos, falsamente acusados y finalmente ejecutados por mantenerse fieles al Evangelio.
Antes de morir, escribieron cartas llenas de fe y perdón, confiando su vida a Cristo.
Su sacrificio nos recuerda que la verdad del Evangelio no se silencia con la violencia, porque el amor de Dios es más fuerte que la muerte.

Vidas que reflejan la santidad cotidiana

El Santo Padre también reconoció las virtudes heroicas de cuatro Siervos de Dios que, sin derramar su sangre, vivieron el Evangelio con plenitud:

* María Evangelista Quintero Malfaz, monja cisterciense española, mujer de profunda oración y experiencias místicas, que ofreció su vida por la conversión de los pecadores.
* Angelo Angioni, sacerdote sardo, fundador del Instituto Misionero del Corazón Inmaculado de María, misionero incansable al servicio de los más pobres en Brasil.
* José Merino Andrés, dominico español, maestro de novicios y apóstol de la humildad, la obediencia y la devoción mariana.
* Gioacchino de la Reina de la Paz, fraile carmelita de Liguria, eremita y guardián del santuario dedicado a la Virgen, recordado por su ternura, oración constante y caridad fraterna.

Hoy damos gracias por estos hermanos nuestros, que con su vida proclamaron la victoria del amor sobre el odio, de la fe sobre el miedo y de la esperanza sobre la desesperación.
Pidamos al Señor que también nosotros sepamos vivir con fidelidad en medio de las pruebas, y que estos nuevos modelos de santidad nos acompañen con su intercesión.

Los santos no son superhéroes, sino amigos de Dios que se dejaron transformar por su amor.” — Papa León XIV

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