EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 13 DE DICIEMBRE

Primera lectura Eclo (48, 1-4.9-11)
Elías volverá de nuevo.
En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha.
Él hizo venir sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor cerró los cielos y también hizo caer fuego tres veces.
¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos! ¿Quién puede gloriarse de ser como tú? Fuiste arrebatado en un torbellino ardiente, en un carro de caballos de fuego; tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros, para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob.
Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor.
Palabra de Dios
Salmo responsorial | Sal 79, 2ac.3b.15-16.18-19
℟. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. ℟
Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. ℟
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. ℟
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 17, 10-13
Elías ya ha venido y no lo reconocieron.
Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
Él les contestó:
«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
San Juan Crisóstomo (s. IV) • Homilía 57, sobre Mateo.
De modo que esto ellos no lo sabían por las Escrituras, sino que así lo contaban los escribas, y semejante opinión corría entre el vulgo, lo mismo que acerca de Cristo. Por eso decía la samaritana: «Yo sé que el Mesías está por venir y que cuando venga nos hará saber todas las cosas». Y los judíos preguntaban al Bautista: «¿Eres tú Elías o uno de los profetas?» Pues semejante opinión acerca de Elías y de Cristo andaba muy válida; sino que ellos no la interpretaban correctamente.
Porque la Escritura refiere dos venidas de Cristo: la que ya se verificó y la que está por venir. A ambas se refiere Pablo cuando dice: «Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres» Aquí tenemos la primera venida. Pero oye cómo declara luego la otra: «Con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús».
También los profetas hablan de ambas venidas; y de una de ellas, que es la segunda, dicen que tendrá como Precursor a Elías. Precursor de la primera fue el Bautista, al cual Cristo lo llamaba Elías, no porque fuera Elías, sino porque tenía un ministerio como el de Elías. Pues así como Elías será precursor de la segunda venida, así Juan lo fue de la primera. Pero los escribas, confundiéndolo todo, se fijaron únicamente en Elías, el Precursor de la segunda venida; y así decían al pueblo: «Si éste fuera el Cristo, debía haberlo precedido Elías». Y este fue el motivo de que los discípulos preguntaran: «¿Cómo es, pues, que los escribas dicen que Elías ha de venir primero?»
Cristo resolvió la cuestión diciendo que Elías ciertamente vendrá antes de su segunda venida; pero que ya vino también, llamando así al Bautista. Como si dijera: Juan vino ya como vendrá Elías; pero si preguntáis del Tesbita, ese ya vendrá. Y por esto dijo: «Elías vendrá y restablecerá todo». ¿Qué es ese todo? Lo que dijo el profeta Malaquías: «He aquí que yo enviaré a Elías Tesbita, el profeta, antes que venga el día de Yavé, grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres a los hijos»
¿Observas la exactitud de la predicción profética? Como Cristo había llamado Elías a Juan, a causa del parecido en el ministerio, a fin de que no pensaras que éste era también el que el profeta predecía, notó la patria añadiendo el Tesbita. Ahora bien: el Bautista no era Tesbita. Además, el profeta añadió: «No sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema», con lo que declaró lo terrible del segundo advenimiento. Porque en el primero no vino a entregar la tierra al anatema. Pues él mismo dice: «No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo».
Y Cristo, recordando esas cosas, dice: «Restablecerá todo». O sea que enmendará la incredulidad de los judíos que para entonces queden. Porque no dijo el profeta: «Convertirá el corazón de los hijos a los padres», sino «de los padres para con sus hijos». Siendo los judíos los padres de los apóstoles, eso significa que convertirá el corazón de los judíos a los dogmas y enseñanzas de los apóstoles.
Sin embargo, yo os digo: Elías ya vino y no lo reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista. ¿Por dónde vinieron a entenderlo? Ya les había dicho: «Él es Elías que está a punto de venir»; luego les dice: «Ya vino»; y de nuevo: «Elías vendrá y restablecerá todo». No te turbes ni vayas a sospechar contradicción. Todo ello es verdad. Porque cuando dice que Elías vendrá, habla del mismísimo Elías; y cuando dice: «Él es el que va a venir», dice que Juan es Elías a causa de lo parecido del ministerio.
Del mismo modo los profetas a cualquier rey esclarecido lo llaman David; y a los judíos los llaman príncipes de los sodomitas o hijos de los etíopes, por la semejanza de costumbres. Así como Elías será Precursor en la segunda venida, así lo fue Juan en la primera. Ni es ésta la única razón de que a Juan lo llame Elías, sino también para manifestar su pleno acuerdo con la Ley Antigua. Por esto añade: «Vino y no lo reconocieron, antes hicieron con él lo que quisieron». ¿Qué significa eso? Lo encarcelaron, lo afrentaron, lo mataron, trajeron en una bandeja su cabeza. Y así de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos.



