Homilía del Mons. Miguel Ángel Cabello

Mons. Miguel Ángel Cabello exhortó a vivir la escucha, la misión y la oración en la inauguración de la Capilla de Adoración de la Cuasi Parroquia San Francisco de Asís
En el marco de la solemne Santa Misa de inauguración de la Capilla de Adoración Eucarística de la Cuasi Parroquia San Francisco de Asís, Mons. Miguel Ángel Cabello, obispo de la Diócesis de Villarrica del Espíritu Santo, dirigió una profunda homilía centrada en la escucha atenta de Dios, el compromiso misionero y la centralidad de la oración en la vida cristiana, destacando la Eucaristía como fuente de comunión para toda la Iglesia.
Al iniciar su reflexión, el obispo expresó su alegría por volver a encontrarse con la comunidad, recordando su cercanía y conocimiento de las capillas, familias e instituciones que conforman la cuasi parroquia. Señaló que, aun con el paso del tiempo, la identidad cristiana permanece intacta: todos son discípulos y misioneros de Jesucristo, llamados a testimoniar la fe, en primer lugar, con la vida y las actitudes, y luego, si es necesario, con las palabras, evocando el conocido pensamiento de San Francisco de Asís sobre la evangelización.
Mons. Cabello subrayó que la Santa Eucaristía es el gran vínculo que une a los cristianos del mundo entero, un espacio donde no existen diferencias y donde todos se reconocen como hermanos. En este contexto, también manifestó su cercanía pastoral con la comunidad, mencionando su acompañamiento a los procesos eclesiales en curso y su oración para que pronto la diócesis cuente con su pastor propio, reafirmando la responsabilidad y el discernimiento que implica la vida de la Iglesia.
Al adentrarse en la Liturgia de la Palabra, el obispo desarrolló con amplitud la primera lectura, tomada del Primer Libro de Samuel, que relata la vocación del joven Samuel. Destacó cómo Dios llama incluso cuando la persona aún no logra reconocer su voz, y cómo la mediación del sacerdote Elí fue fundamental para ayudar a Samuel a disponerse a la escucha, pronunciando las palabras que marcan toda vocación: “Habla, Señor, que tu servidor escucha”. A partir de esta experiencia, explicó Mons. Cabello, Samuel inició una relación profunda con Dios que lo llevó a cumplir una misión decisiva en la historia del pueblo de Israel.
En esta línea, el obispo señaló que Dios continúa hablando hoy a su Iglesia y que, de manera especial, lo hace también a través de la Santísima Virgen María, quien se manifiesta en diversos lugares y tiempos como mensajera de su Hijo. Sin embargo, advirtió que muchas veces los fieles no logran escuchar ese llamado por no conocer suficientemente a Dios ni abrir el corazón a su presencia. Por ello, insistió en la necesidad de cultivar una actitud permanente de atención y escucha, dando espacio a Dios en la oración, en el silencio y aun en medio de las actividades cotidianas. Solo desde un corazón disponible —afirmó— se puede discernir la voluntad del Señor y responder con fidelidad.
Refiriéndose luego al Evangelio según San Marcos, Mons. Cabello destacó tres actividades fundamentales y constantes en la vida de Jesús: la sanación de los enfermos y la liberación de los oprimidos por el maligno, la predicación del Reino de Dios y la oración. Recordó cómo Jesús se compadecía de los que sufrían en el cuerpo y en el espíritu, sanándolos y devolviéndoles la dignidad, así como liberando a quienes estaban esclavizados por fuerzas del mal, algo que solo es posible por el poder de Dios.
Asimismo, resaltó la centralidad de la predicación en la misión de Jesús, quien recorría ciudades y aldeas anunciando la Buena Noticia de la salvación. Esa misma misión —indicó— corresponde hoy a toda la Iglesia y a cada cristiano, no necesariamente desde el púlpito, sino en la familia, en el vecindario y en la comunidad, transmitiendo la Palabra de Dios y educando en la fe a las nuevas generaciones. En este sentido, valoró especialmente la infraestructura y las aulas de la cuasi parroquia, destinadas a la formación cristiana de niños, jóvenes y grupos apostólicos.
En cuanto a la oración, el obispo recordó que incluso Jesús, siendo el Hijo de Dios, se retiraba a lugares solitarios para orar, especialmente al comenzar o concluir sus jornadas. Este ejemplo —afirmó— debe ser un pilar para la vida cristiana, ya que sin oración no hay fuerza espiritual suficiente para sostener los compromisos familiares, sociales y pastorales. Reconoció que muchas veces el desánimo o la falta de constancia debilitan la vida de oración, pero animó a perseverar, recordando que la oración no solo es para pedir por uno mismo, sino también un acto de generosidad al interceder por los demás, confiando en que Dios no se deja ganar en generosidad.
Finalmente, Mons. Miguel Ángel Cabello destacó el valor de la nueva Capilla del Santísimo Sacramento como un espacio privilegiado para el encuentro íntimo con el Señor, felicitando a toda la comunidad de la Cuasi Parroquia San Francisco de Asís y, de manera especial, al padre Aníbal por la iniciativa, el cuidado y la belleza del lugar, señalando que todo lo que se realiza en la Iglesia debe inspirar, elevar el espíritu y conducir a Dios, que es belleza, pureza y santidad.
Antes de concluir, el obispo exhortó a los fieles a permanecer siempre atentos a la voz de Dios y de la Virgen María, a servir con amor a los más necesitados, a anunciar el Evangelio con convicción y alegría, y a perseverar en la oración constante. Aseguró que el Señor derrama abundantes gracias sobre quienes confían en Él, especialmente sobre aquellos que atraviesan momentos difíciles, recordando que todo lo que se ofrece con generosidad vuelve multiplicado en bendiciones, por intercesión de los santos y, de manera especial, de la Santísima Virgen María.



