La Santa Sede

El Papa León XIV anima a ser “hijos de la luz” en medio de las heridas del mundo

Durante su visita pastoral a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ponte Mammolo, el Santo Padre invitó a la comunidad a superar la ceguera del egoísmo y a mirar la realidad con los ojos de Dios.

Un domingo de alegría en medio de las pruebas del mundo

En el marco del Cuarto Domingo de Cuaresma, conocido como el domingo Laetare, el Papa León XIV presidió la Santa Misa en la parroquia del Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ponte Mammolo, en la ciudad de Roma.

En su homilía, el Santo Padre recordó que este domingo invita a la alegría cristiana incluso en medio de las dificultades que vive el mundo. “Muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren conflictos violentos”, lamentó, señalando que la guerra nunca puede ser un camino para resolver las diferencias entre los pueblos.

El Pontífice advirtió también sobre la tentación de justificar la violencia en nombre de Dios. “Dios no puede ser manipulado por la oscuridad”, afirmó, recordando que quien invoca al Señor debe buscar siempre la paz.

Mirar la vida con los ojos de Dios

El Papa centró su reflexión en el pasaje evangélico del encuentro entre Jesús y el ciego de nacimiento (cf. Jn 9,1-41). Según explicó, este episodio revela cómo el Señor ofrece a cada persona una nueva manera de mirar la realidad.

Para el Pontífice, “mirar con los ojos de Dios” significa ante todo superar los prejuicios y la indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. Jesús, explicó, no ve en el ciego a un problema ni a un marginado, sino a un hermano amado que necesita ser ayudado.

En ese gesto de curación —recordó— se revela la dignidad de todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios. El hombre que recupera la vista se convierte así en testigo de la luz que transforma la vida.

La ceguera del corazón y el riesgo del legalismo

El Papa también advirtió sobre otra forma de ceguera: la incapacidad de reconocer la acción de Dios cuando se privilegia el cumplimiento formal de la ley sobre el amor.

Recordando la reacción de quienes criticaron a Jesús por curar en sábado, el Pontífice subrayó que ninguna norma religiosa puede impedir un gesto de misericordia. El verdadero sentido del día del Señor —explicó— es celebrar el don de la vida y escuchar el clamor de quienes sufren.

Una parroquia llamada a ser signo de esperanza

Durante la celebración, el Santo Padre agradeció el testimonio pastoral de la comunidad parroquial, que desde hace casi noventa años acompaña diversas situaciones de vulnerabilidad en su barrio.

El Papa destacó especialmente la cercanía de la parroquia con personas en situación de pobreza, con migrantes que buscan integrarse en la ciudad y con quienes atraviesan momentos de dificultad. También valoró la labor educativa con niños y jóvenes a través del oratorio y de diversas iniciativas pastorales.

Estas obras —señaló— reflejan el rostro concreto de la caridad cristiana.

El amor que se hace visible en la vida cotidiana

En la parte final de su homilía, el Pontífice citó a Agustín de Hipona para explicar cómo el amor de Dios se hace visible en las acciones de los creyentes: en los pies que conducen a la Iglesia, en las manos que ayudan a los pobres y en los ojos que saben reconocer a quien necesita ayuda.

El Papa invitó a la comunidad a perseverar en la oración, en la vida sacramental y en la caridad, para que la luz de Cristo crezca en sus corazones y se difunda en el mundo.

“Que el Sagrado Corazón de Jesús —concluyó— modele y proteja cada vez más a esta comunidad, para que viva y dé testimonio con alegría del tesoro de la gracia recibido”.

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