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La Parroquia Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, realiza Santa Misa de Envío de sus catequistas

Bajo el lema “Dios nos llama e ilumina”, la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro celebró el domingo 1 de marzo la Misa de Envío de los catequistas. En total, 45 catequistas fueron enviados por la Iglesia para asumir su misión como instrumentos de fe y purificación interior.

Un llamado a dejarlo todo.

En el marco del segundo domingo de Cuaresma, la comunidad parroquial vivió una celebración especial con el envío de sus catequistas. Durante la homilía, el Pbro. Ronaldo Ocampo centró su mensaje en la figura de Abraham como modelo de fe.
Recordó que Dios pidió a Abraham dejar su tierra, su familia y su patria: dejar el lugar donde aprendió su cultura, donde tuvo sueños, donde estaban sus lazos afectivos, su hogar y su seguridad. A pesar del dolor, Abraham emprendió un camino de fe, lanzándose hacia un futuro desconocido, pero confiando plenamente en Dios.
“Abraham para nosotros es un modelo de fe”, expresó el sacerdote, señalando que todos estamos llamados a dejar todo por Cristo y caminar en la fe. En ese sentido, invitó especialmente a los catequistas a aprender de Abraham, desprendiéndose de aquello que pueda impedirles seguir con fidelidad este camino.

Instrumentos para hacer crecer la fe

El sacerdote recordó que la realidad humana es frágil y herida por el pecado, pero que ese no es el motivo por el cual Dios llama. “No merecemos, pero Dios llama para ser instrumentos”, subrayó.
Los catequistas han recibido una vocación santa: ayudar a que en las personas crezca la fe y acompañarlas en un proceso de purificación interior. Son enviados por la Iglesia para cumplir esta misión con entrega y responsabilidad, conscientes de que su servicio forma parte del plan de salvación de Dios.

Soportar con mansedumbre el camino de la cruz

Durante la homilía también se hizo referencia a los sufrimientos que implica la fidelidad al Evangelio. “Debemos asumir con amor y esperanza todo sufrimiento que trae el seguimiento de Jesucristo”, afirmó el P. Ocampo.
Tanto catequistas como comunidad están llamados a soportar con mansedumbre el camino de la cruz. Recordó que quien busca un lugar donde no haya conflictos no podrá vivir ni en la Iglesia ni en ningún otro espacio humano, ya que el Evangelio siempre interpela y exige.
Sin embargo, animó a no desanimarse ante las adversidades, las desilusiones o el cansancio que puedan surgir en el camino. “Levántense, no tengan miedo”, exhortó, recordando la promesa de Dios y la necesidad de permanecer fieles hasta el final.

Construir una comunidad fraterna

Finalmente, el sacerdote invitó a construir una comunidad donde se pueda crecer como hermanos, sin divisiones ni descalificaciones. A pesar de las diferencias, todos están llamados a trabajar juntos, porque es Dios quien los ha convocado al seguimiento.
“La Iglesia conduce al pueblo de Dios en busca de la salvación, y el único camino para encontrarla es Jesús”, afirmó.
La Misa de Envío marcó así el inicio de un nuevo año de misión catequística, en el que los 45 catequistas, a ejemplo de Abraham, son enviados a caminar en la fe, llevando adelante la tarea de anunciar a Cristo con valentía, esperanza y fidelidad.

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