Locales

Mirna Nuñez ante su Santidad el Papa León XIV

La Diócesis de la Santísima Concepción y, en particular, la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Pedro Juan Caballero, se llenan de santo orgullo y alegría al ver a una de sus hijas,  Mirna Nuñez Venialgo, vivir gracias excepcionales en el centro de la catolicidad: la Ciudad del Vaticano.

En un hecho que marca un hito en su camino de fe, la señorita Nuñez recibió, con humilde y fervoroso corazón, la Cruz de la Institución del Ministerio Catequético. Este significativo reconocimiento es un testimonio de su entrega y labor constante al servicio de la Palabra de Dios, una misión que vive con celo desde su comunidad en Paraguay. La Cruz, símbolo de amor y sacrificio, se convierte así en un emblema tangible de su vocación para la Nueva Evangelización.



La divina Providencia, en su infinita bondad, quiso depararle a Mirna un encuentro aún más memorable. En el transcurso de su peregrinaje, tuvo la inmensa dicha de ser recibida  por Su Santidad, el Papa León XIV. Ante el Sucesor de Pedro, Nuñez, movida por un amor filial y una fe profunda, no solo pudo estrechar la mano del Vicario de Cristo, sino que, en un gesto de tierna devoción y respeto, se inclinó para dejar un beso en su mano, expresando así la comunión y el cariño de todo un pueblo creyente.



En un acto que refleja su identidad y amor por las advocaciones marianas y santos de su tierra, Mirna Nuñez tuvo el honor de obsequiar al Santo Padre una Imagen que contiene a la Virgen de Caacupé, Patrona del Paraguay; la beata Chiquitunga, modelo de juventud y entrega a Dios; y San Roque, abogado contra las pestes y protector de los necesitados. A través de este regalo, un pedazo del alma paraguaya llegó al Papa, mostrando la riqueza de la fe que florece en la nación guaraní.



Este viaje  no es un logro personal, sino un don de Dios para toda la comunidad tanto diocesana como paraguaya . Que su experiencia sirva de inspiración para todos los fieles, especialmente para los catequistas, recordándoles que su labor, muchas veces silenciosa, resuena en el corazón mismo de la Iglesia. La felicidad que nos estremece al verla representarnos en el Vaticano es un claro signo de que la semilla del Evangelio, sembrada en el suelo de Pedro Juan Caballero, da frutos que trascienden todas las fronteras.

¡Que Dios bendiga a Mirna y a todos los que, como ella, trabajan con amor en la Viña del Señor!

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