El Papa León XIV invita a vivir la Cuaresma como camino hacia la plenitud del amor y clama por la paz en Ucrania

Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2026. — A las 12:00 horas del domingo, el Santo Padre León XIV se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico para presidir la oración del Ángelus junto a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
En el primer domingo de Cuaresma, el Pontífice centró su reflexión en el pasaje del Evangelio de Jesucristo tentado en el desierto (cf. Mt 4,1-11). Recordó que, tras cuarenta días de ayuno, el Señor experimentó el hambre y las tentaciones, enfrentando la misma condición humana que todos viven en su camino de fe.
“El Evangelio nos muestra cómo vencer los engaños y trampas del demonio”, señaló el Papa, subrayando que la Cuaresma es “un itinerario resplandeciente” en el que, mediante la oración, el ayuno y la limosna, el cristiano puede renovar su colaboración con Dios.
Un camino exigente, pero fecundo
El Santo Padre reconoció que el camino cuaresmal es exigente y que existe la tentación de buscar atajos de satisfacción en la riqueza, la fama o el poder, que calificó como “pobres sucedáneos de la alegría” para la cual el ser humano fue creado. Estas tentaciones, añadió, dejan inevitablemente un vacío interior.
Citando la constitución apostólica Paenitemini de Pablo VI (1966), explicó que la penitencia no empobrece, sino que enriquece y fortalece la humanidad, orientándola hacia el amor y el abandono confiado en el Señor. Asimismo, evocó a San Agustín de Hipona, quien enseñaba que la oración acompañada de humildad, caridad, ayuno y limosna conduce a la paz.
En este tiempo de gracia, el Papa invitó a practicar generosamente las obras de misericordia, dar espacio al silencio y moderar el uso de los medios de comunicación y dispositivos móviles para escuchar la voz del Espíritu Santo. También exhortó a dedicar tiempo a los ancianos, los pobres y los enfermos, y a compartir con quienes carecen de lo necesario.
Finalmente, confió el camino cuaresmal a la intercesión de la Virgen María, Madre que acompaña a sus hijos en la prueba.
“Que callen las armas”
Tras la oración mariana, el Santo Padre recordó con dolor que se cumplen cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Con palabras firmes, lamentó las innumerables víctimas, la destrucción y el sufrimiento que deja el conflicto, y afirmó que “toda guerra es una herida infligida a la familia humana”.
“La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente”, expresó, renovando su llamamiento para que cesen las armas y los bombardeos, se alcance un alto el fuego y se refuerce el diálogo como camino hacia una solución duradera.
El Papa invitó a todos los fieles a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por quienes sufren a causa de los conflictos en el mundo, para que brille el don de la paz.
Saludos y bendiciones
Antes de concluir, el Pontífice saludó a fieles de Roma y peregrinos de diversos países. Bendijo especialmente a las Hermanas Obreras de Jesús en el centenario de su fundación, a la Escuela de San José Calasanz de Prievidza, en Eslovaquia, y a asociaciones dedicadas a afrontar las enfermedades raras.
Asimismo, dirigió un saludo al Apostolado de la Oración de Biella, a fieles de Nicosia, Castelfranco Veneto y del Decanato de Melegnano, a confirmandos de Boltiere, a jóvenes de la Comunidad pastoral Santa María Magdalena de Milán y a scouts de Tarquinia.
“Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino cuaresmal”, concluyó.


