Siria: una Iglesia que sirve y permanece en medio de las heridas de la guerra.

En Damasco, las Hijas de la Caridad continúan atendiendo a enfermos y familias vulnerables en un contexto marcado por la incertidumbre, el éxodo de los jóvenes y las heridas que dejó la guerra.
En Siria, las consecuencias de años de conflicto continúan presentes en la vida cotidiana de muchas familias. Aunque la guerra ya no ocupa las mismas portadas que en otros momentos, sus heridas permanecen en una sociedad marcada por la pobreza, la inseguridad y la salida de numerosas personas, especialmente jóvenes y cristianos.
En medio de esta realidad, la sor Judita Cáková, religiosa de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, lleva adelante su misión en Damasco desde hace cuatro años.
Enfermera de formación y con experiencia en campos de refugiados y zonas de conflicto, la religiosa participa en la dirección de un hospital católico conocido como el “Hospital Francés”, donde la atención médica se convierte también en una forma concreta de servicio y acompañamiento.
Un hospital que acoge a todos
El hospital busca atender tanto a quienes pueden pagar por sus tratamientos como a quienes no cuentan con recursos suficientes.
Este modelo permite que los pacientes más pobres también puedan recibir atención médica. La institución trabaja además en colaboración con Cáritas y otras organizaciones de ayuda presentes en Siria.
Para las religiosas, servir significa mirar a cada paciente más allá de su situación económica.
Madres, niños, personas heridas y enfermos encuentran allí un espacio donde recibir atención y, sobre todo, ser tratados con dignidad.
Una sociedad que todavía vive con miedo
Sor Judita relata que la sociedad siria ha cambiado profundamente desde el comienzo de la guerra en 2011.
Muchas personas deben realizar más de un trabajo para poder sobrevivir, mientras que una parte importante de la población formada ha abandonado el país en busca de mejores condiciones de vida.
Entre quienes emigraron se encuentran numerosos cristianos y miembros de comunidades minoritarias. Los que permanecen afrontan una realidad marcada por la incertidumbre y las dificultades económicas.
Las tensiones regionales también han aumentado el temor. Las explosiones y los ataques forman parte de una realidad que continúa afectando psicológicamente a la población.
Un lugar de paz en medio de la incertidumbre
A pesar del contexto, el hospital intenta conservar una identidad marcada por el respeto, la cooperación y el servicio.
Para quienes trabajan allí, cada vida atendida representa una razón para continuar.
Sor Judita recuerda especialmente el caso de una niña que nació prematuramente, con apenas seis meses de gestación. La pequeña logró sobrevivir y hoy se encuentra sana.
Historias como esta, explica la religiosa, se convierten en pequeñas señales de esperanza en medio de una realidad difícil.
Una Iglesia que permanece
La misión de las Hijas de la Caridad en Siria muestra una Iglesia que no se limita a hablar de esperanza, sino que busca hacerla visible en el servicio cotidiano.
En un país donde muchas familias continúan enfrentando pobreza, miedo e incertidumbre, las religiosas permanecen junto a quienes necesitan atención médica y acompañamiento.
Su presencia recuerda que, incluso después de años de conflicto, la caridad puede seguir abriendo caminos de esperanza.



