En medio de las ruinas, la Fé y la solidaridad permanecen en Indonesia

Tras el terremoto que golpeó la isla de Flores, la Iglesia acompaña a las comunidades afectadas. El arzobispo de Ende destaca la solidaridad de los fieles y llama a mantener viva la esperanza en medio del dolor.
La isla indonesia de Flores enfrenta las consecuencias de un potente terremoto de magnitud 7,7 ocurrido el pasado 15 de agosto. El desastre dejó alrededor de 70 personas fallecidas, más de mil heridos y unas 40.000 personas desplazadas, además de graves daños en viviendas, escuelas, iglesias y edificios públicos.
En medio de esta situación, la Iglesia católica local ha decidido permanecer cerca de las comunidades afectadas. El arzobispo de Ende, monseñor Paulus Budi Kleden, SVD, recorrió distintas zonas afectadas y pudo encontrarse con familias que buscaban refugio después de perder sus hogares.
Más allá de la destrucción, el arzobispo encontró algo que, según sus propias palabras, no logró destruir el terremoto: los vínculos de solidaridad y de fe entre las personas. Familias que se encontraban en zonas menos afectadas comenzaron a compartir alimentos y a levantar refugios para quienes habían perdido sus viviendas, aun cuando muchas de sus propias casas también habían sufrido daños.
Una Iglesia que permanece cerca
La emergencia también afectó a numerosas iglesias y capillas de la Arquidiócesis de Ende. Algunas sufrieron daños graves, mientras que otras quedaron con importantes grietas y problemas estructurales.
Sin embargo, la vida de fe no se detuvo. Sacerdotes y comunidades continuaron celebrando la Eucaristía al aire libre, mientras los fieles se reunían para rezar incluso en medio de los refugios temporales.
La Arquidiócesis de Ende creó además un equipo de coordinación junto con Cáritas Indonesia para organizar la ayuda de emergencia. Entre las prioridades se encuentran la atención psicológica y el acompañamiento frente al trauma, especialmente para niños y familias que continúan viviendo con temor debido a las réplicas.
La cercanía del Papa
El dolor de las comunidades de Flores también llegó hasta Roma. El Papa León XIV expresó su cercanía a las víctimas del terremoto mediante un telegrama dirigido al arzobispo Paulus Budi Kleden, asegurando sus oraciones por los fallecidos, los heridos y quienes participan de las labores de ayuda.
La Iglesia local se prepara ahora para una tarea que irá mucho más allá de la emergencia inmediata: reconstruir hogares, escuelas, iglesias e infraestructura dañada.
“Reconstruir desde los escombros” será un camino largo para las comunidades de Flores. Pero en medio de la destrucción, la solidaridad se ha convertido en una señal de esperanza.
La tragedia ha dejado ruinas, pérdidas y heridas profundas. Sin embargo, como recordó el arzobispo de Ende, el terremoto pudo destruir edificios, pero no logró destruir el amor que une a las comunidades.



