La Santa Sede

Papa León XIV: María, signo de esperanza y consuelo para un mundo que necesita paz

El Santo Padre presidió el Ángelus en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo con motivo de la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En su reflexión, destacó que la Asunción de María anticipa el destino final de todos los creyentes y llamó a confiar en su intercesión ante las situaciones de sufrimiento que afectan al mundo.

La Asunción, misterio de esperanza

Durante el rezo del Ángelus, el Santo Padre León XIV invitó a contemplar el misterio de la Asunción de la Virgen María a través de las representaciones artísticas que la tradición cristiana ha desarrollado a lo largo de los siglos.

El Papa explicó que una de las imágenes más antiguas es la de la «Dormición» de la Madre de Dios, en la que María aparece rodeada por los apóstoles y Cristo resucitado sostiene su alma, llevándola a la gloria.

Esta representación, señaló, recuerda que es Cristo, muerto y resucitado, quien conduce a los creyentes hacia la vida eterna. El Pontífice vinculó esta verdad con la promesa de Jesús: «Cuando vaya [al Padre] y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo».

María, asunta en cuerpo y alma

El Papa también se refirió a la representación occidental más reciente, que muestra a María glorificada en el cielo, rodeada de luz, ángeles y santos.

Esta imagen expresa una verdad fundamental de la fe católica: María fue asunta al cielo en cuerpo y alma, en la integridad de su persona.

El Santo Padre recordó que María, quien dio cuerpo y sangre al Verbo encarnado y siguió a Cristo hasta la entrega total de amor, fue llevada por Él a la gloria para siempre.

A partir de este misterio, el Papa invitó a contemplar también el destino final de toda la humanidad. La plenitud de vida que se manifiesta en María está llamada a ser también nuestra esperanza, cuando Cristo transforme nuestro cuerpo y lo haga semejante al suyo glorioso.

«Entonces, con nuestra carne transformada por el amor del Redentor, viviremos para siempre, en la fiesta sin fin», afirmó.

Una oración por los pueblos que sufren

Después del Ángelus, León XIV presentó a María Santísima, asunta a la gloria del cielo, como signo de esperanza y consuelo para todo el pueblo de Dios.

Encomendó especialmente a su intercesión a las comunidades que atraviesan situaciones de dolor y conflicto. Mencionó a los pueblos de Tierra Santa, al pueblo ucraniano y al pueblo ruso, unidos por una especial devoción a la Madre de Dios, así como a los cristianos que sufren discriminación y persecución.

El Papa también aseguró que continúa rezando por la población de Colombia afectada por el terremoto, expresando su cercanía a quienes viven momentos difíciles.

Junto a estas comunidades, invitó a elevar una oración confiada: «¡Santa María, ruega por nosotros!».

Una invitación al descanso y la renovación

Finalmente, el Santo Padre saludó a los fieles de Castel Gandolfo y a los peregrinos llegados de Italia y de distintos países.

Con motivo del período de descanso, deseó que todos pudieran recuperar fuerzas tanto en el cuerpo como en el alma, recomendando también el encuentro con la naturaleza y la buena lectura.

La celebración de la Asunción, de este modo, se presentó como una invitación a mirar a María con esperanza: en ella, la Iglesia contempla anticipadamente la promesa de vida eterna que Cristo ofrece a todos sus hijos.

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