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Catequistas de todo el país renovaron su misión durante el Congreso Internacional de Catequistas 2026

Bajo el lema “Vayan y multipliquen los frutos”, cerca de mil catequistas participaron del Congreso Internacional de Catequistas 2026, realizado los días 29 y 30 de agosto en el Polideportivo San Cristóbal de Asunción. El encuentro fue un espacio de formación, reflexión y renovación del compromiso de anunciar y acompañar la fe en las comunidades.

Cerca de mil catequistas provenientes de distintas partes del país se congregaron durante el fin de semana en el Polideportivo San Cristóbal de Asunción para participar del Congreso Internacional de Catequistas 2026, bajo el lema “Vayan y multipliquen los frutos”.

La actividad fue organizada por el Departamento Arquidiocesano de Pastoral Catequética (DAPAC) y la Coordinación Nacional de Catequesis de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP). El encuentro se desarrolló durante dos jornadas, el sábado 29 y el domingo 30 de agosto, con espacios de formación, ponencias, talleres, plenarias y momentos de oración y celebración.

Formación para fortalecer la Iniciación a la Vida Cristiana

Uno de los principales ejes del Congreso fue la Iniciación a la Vida Cristiana, tema que fue profundizado a través de las exposiciones de referentes internacionales invitados.

Participaron el Pbro. Jorge Barros, de Chile; el Pbro. José Luis Quijano, de Argentina; y el Pbro. Omar Osiris, de México, quienes acompañaron a los catequistas en la reflexión sobre los desafíos y caminos pastorales para una catequesis que ayude a las personas a encontrarse con Cristo y crecer como discípulos.

Durante las jornadas también se presentó el diagnóstico diocesano titulado “La realidad de la iniciación de la vida cristiana en nuestra diócesis”, que permitió poner sobre la mesa distintas situaciones y desafíos que enfrenta la Iglesia en el acompañamiento de las familias y las comunidades.

En las plenarias, los participantes trabajaron de manera conjunta en la construcción de un mapa de desafíos, buscando identificar caminos que permitan fortalecer la transmisión de la fe y el acompañamiento pastoral.

El envío: llevar lo vivido a las comunidades

El Congreso tuvo su momento culminante el domingo 30 de agosto con la celebración de la Santa Misa y el Envío de Misioneros, presidida por S.E.R. Cardenal Adalberto Martínez, Arzobispo de Asunción.

Durante su homilía, el Cardenal exhortó a los catequistas a no quedarse únicamente con lo aprendido durante el encuentro, sino a llevarlo a sus respectivas comunidades.

“Lo escuchado, reflexionado y trabajado llévenlo a sus parroquias, decanatos, equipos y comunidades. Compartámoslo y profundicémoslo para que sus frutos se multipliquen”, expresó.

El Arzobispo de Asunción también recordó el papel fundamental de la familia en la transmisión de la fe, señalando que los padres son los primeros catequistas de sus hijos, especialmente a través del testimonio de vida.

Asimismo, destacó que quien ha tenido un encuentro con Cristo experimenta el deseo de anunciarlo y compartir con los demás la alegría de la fe.

Una catequesis integral, permanente y transversal

En la celebración conclusiva, el Cardenal Adalberto Martínez remarcó que la Iniciación a la Vida Cristiana debe ser integral, permanente y transversal.

Es integral porque comprende a toda la persona y no se limita a una etapa determinada. Es permanente porque el camino del discípulo nunca termina y cada cristiano está llamado a seguir creciendo en la fe. Y es transversal porque involucra diferentes dimensiones de la vida de la Iglesia y de la sociedad: la familia, la liturgia, la comunidad, la formación humana, la caridad, la cultura del cuidado, el compromiso social y la misión.

El mensaje final del Congreso estuvo marcado así por el envío y la responsabilidad de cada catequista de convertirse en testigo y sembrador de esperanza en su propia realidad.

“La misión continúa”

Tras dos días de formación y encuentro, los catequistas regresaron a sus comunidades con el desafío de poner en práctica lo aprendido y compartir los frutos de esta experiencia en sus parroquias, decanatos, equipos y capillas.

El Congreso Internacional de Catequistas 2026 se convirtió así en una oportunidad para fortalecer la comunión, renovar la vocación catequética y asumir con mayor entusiasmo la misión de anunciar a Jesucristo.

Bajo el lema “Vayan y multipliquen los frutos”, el encuentro concluyó con una invitación concreta: continuar sembrando la fe y la esperanza en cada familia, barrio y comunidad, confiando en la acción del Espíritu Santo para llevar adelante la misión evangelizadora de la Iglesia.


Cardenal Adalberto Martínez: “El catequista está llamado a ser discípulo del Maestro”

Durante la Misa de clausura del Congreso Internacional de Catequistas 2026, el Arzobispo de Asunción llamó a los catequistas a llevar lo aprendido a sus comunidades y a renovar su compromiso misionero, destacando la importancia de la familia, la cultura del cuidado y una catequesis integral, permanente y transversal.

No estamos simplemente cerrando un Congreso; estamos celebrando un envío”. Con estas palabras, el Cardenal Adalberto Martínez Flores, Arzobispo de Asunción, inició su homilía durante la Eucaristía conclusiva del Congreso Internacional de Catequistas 2026, invitando a los participantes a regresar a sus diócesis, parroquias y comunidades con una misión renovada: anunciar a Jesucristo.

La celebración reunió a cerca de mil catequistas que durante dos jornadas participaron de espacios de formación, oración, reflexión y encuentro en el Polideportivo San Cristóbal, en Asunción.

Un catequista con el corazón encendido

Al reflexionar sobre la primera lectura, tomada del profeta Jeremías, el Cardenal destacó la expresión: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”, relacionándola con la vocación de todo catequista.

Recordó que Jeremías experimentó cansancio, incomprensión y deseos de callar, pero llevaba dentro de sí “como un fuego ardiente, encerrado en los huesos”. Para el Arzobispo, ese fuego también debe permanecer vivo en el corazón de quienes anuncian la fe.

Quien ha sido alcanzado por Cristo siente la necesidad de anunciarlo”, afirmó.

Asimismo, recordó que antes de enseñar a otros a buscar a Dios, el propio catequista necesita mantener viva su sed del Señor. En este sentido, señaló que los métodos, materiales y tecnologías pueden ser herramientas importantes, pero no reemplazan la oración, la Palabra de Dios, la Eucaristía y la vida comunitaria.

Una Iniciación a la Vida Cristiana integral

Uno de los puntos centrales de la homilía fue la Iniciación a la Vida Cristiana (IVC). El Cardenal Martínez explicó que debe ser integral, permanente y transversal.

Es integral porque abraza a toda la persona; permanente porque el crecimiento como discípulos nunca termina; y transversal porque comprende la familia, la liturgia, la comunidad, la formación humana, la caridad, la cultura del cuidado, el compromiso social y la misión.

En este contexto, introdujo el concepto de mistagogia, que explicó como “conducir hacia el misterio”. No se trata de algo oscuro o incomprensible, sino de entrar cada vez más profundamente en la amistad con Dios y descubrir la riqueza de su amor, su gracia y su presencia.

El Cardenal lo expresó también con una comparación: conocer a Dios es un verdadero júbilo, pero “no una jubilación”, porque en la vida cristiana nunca se deja de crecer ni de aprender.

Llevar los frutos del Congreso a las comunidades

Al referirse directamente a la experiencia vivida durante el Congreso, el Arzobispo de Asunción exhortó a los catequistas a compartir todo lo aprendido con sus comunidades.

Lo escuchado, reflexionado y trabajado aquí no debería quedarse solamente entre quienes participaron. Llevémoslo a nuestras parroquias, decanatos, equipos y comunidades; compartámoslo y profundicémoslo para que sus frutos se multipliquen”, manifestó.

También destacó las experiencias de conversación en el Espíritu, los itinerarios mistagógicos y pastorales y las propuestas elaboradas desde las parroquias, señalando que estos aportes pueden seguir enriqueciéndose en los diálogos sinodales.

“La catequesis no camina aislada; forma parte de toda la misión de la Iglesia”, afirmó.

Formar discípulos, no solamente personas que conozcan a Jesús

A partir del Evangelio, en el que Jesús corrige a Pedro y le recuerda que su manera de pensar no es la de Dios, el Cardenal invitó a los catequistas a procurar que sus pensamientos, criterios y decisiones estén cada vez más unidos al Señor.

Para ello, señaló la importancia de la Sagrada Escritura, la oración, el Magisterio, los sacramentos y una lectura creyente de la realidad.

“El catequista mira a Jesucristo, el único Maestro, aprende de Él y procura reflejar su manera de amar, escuchar, servir, perdonar y acompañar”, expresó.

En esa misma línea, subrayó que la catequesis no tiene como finalidad formar únicamente personas que conozcan contenidos sobre Jesús, sino discípulos que procuren vivir como Él.

La catequesis no forma admiradores de Jesús, sino discípulos que caminan detrás de Él. Antes que maestro de palabras, el catequista está llamado a ser discípulo del Maestro”, sostuvo.

La familia, primera escuela de la fe

Otro de los aspectos destacados de la homilía fue el papel de la familia en la transmisión de la fe.

El Cardenal Martínez recordó que la familia es la primera escuela de la fe y los padres son los primeros catequistas de sus hijos, principalmente mediante su ejemplo cotidiano.

En el hogar, explicó, se aprende a rezar, amar, perdonar, respetar y reconocer que cada niño, adolescente y joven es profundamente amado por Dios.

Junto con esta responsabilidad, destacó el compromiso de los catequistas con una verdadera cultura del cuidado, especialmente en la protección de niños, niñas y adolescentes.

Pidió fomentar el buen trato, las relaciones sanas y permanecer atentos ante posibles situaciones de abuso, violencia o maltrato. También recordó que el catequista no reemplaza a profesionales ni instituciones responsables, pero sí está llamado a escuchar, acompañar, no minimizar señales de alarma y comunicar responsablemente cualquier situación por los canales correspondientes.

Cuidar es proteger, prevenir, acompañar y actuar responsablemente”, remarcó.

El testimonio de los santos como camino de evangelización

Durante la celebración, el Cardenal también recordó a Santa Rosa de Lima, a la beata María Felicia de Jesús Sacramentado, Chiquitunga, y a San Roque González de Santa Cruz, presentándolos como ejemplos de personas profundamente entregadas a Cristo.

Sobre Santa Rosa, destacó que su unión con el Señor se convirtió en servicio a los pobres y enfermos. De Chiquitunga recordó su experiencia como catequista y maestra, y su comprensión de que anunciar a Jesús no consiste solamente en transmitir contenidos, sino en hacer de toda la vida un testimonio.

En cuanto a San Roque González, resaltó su capacidad de anunciar el Evangelio teniendo en cuenta la cultura y la realidad de los pueblos a los que evangelizaba.

El mensaje de estos santos, señaló, continúa siendo actual: no puede existir una separación entre la catequesis y la vida cristiana cotidiana.

“Lo que enseñamos con los labios debe estar sostenido por el testimonio de la vida”, afirmó.

Una catequesis capaz de responder a los nuevos tiempos

El Cardenal también se refirió a los cambios culturales y tecnológicos que vive la sociedad. Señaló que cambian los lenguajes, las herramientas y las formas de relacionarse, pero el Evangelio permanece.

Por ello, consideró necesario encontrar nuevos caminos para anunciar con fidelidad la misma Buena Noticia, comprendiendo los lenguajes, las preguntas y las búsquedas del tiempo actual, sin disminuir la fuerza ni la exigencia del Evangelio.

En este desafío, invitó a mantener siempre en el centro la dignidad de cada persona, recordando que su valor no depende de la productividad, la eficiencia o las capacidades, sino de haber sido querida, creada y amada por Dios.

“Effetá”: oídos, corazón y labios abiertos

Antes de concluir la homilía, el Cardenal Martínez preparó a la asamblea para el Rito de Effetá, palabra aramea que significa “Ábrete”.

Explicó que este gesto debía expresar el deseo de tener oídos abiertos para escuchar la Palabra, un corazón abierto para dejarse transformar por ella y labios abiertos para anunciarla.

Finalmente, confió la misión de los catequistas a la Virgen María, primera discípula y misionera, destacando su disponibilidad para escuchar la Palabra, guardarla en el corazón y salir al encuentro de los demás.

Con la mirada puesta en María y retomando las palabras del profeta Jeremías, el Cardenal invitó a los catequistas a dejarse tocar profundamente por Dios y llevar ese fuego a sus comunidades.

Que también nosotros podamos decir con Jeremías: ‘Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir’, y llevar ese fuego a nuestras comunidades”, concluyó.

La Eucaristía culminó así con un llamado concreto a continuar la misión: volver a las comunidades, compartir los frutos del Congreso y anunciar a Jesucristo con una fe que no se limite a las palabras, sino que se haga vida en el servicio, el acompañamiento y el testimonio cotidiano.

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