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Obispos de Chile llaman a construir paz y reconciliación desde la verdad, la justicia y el perdón

En un mensaje difundido con motivo del 11 de septiembre, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile invitó a mirar la historia del país con verdad y sin odio, promoviendo la justicia, el reconocimiento del sufrimiento, el perdón y un compromiso común con el futuro.

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 2026. – En una fecha que continúa generando dolor, divisiones y distintas interpretaciones en la sociedad chilena, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile hizo un llamado a avanzar hacia una convivencia marcada por la verdad, la justicia y la reconciliación.

A través del mensaje titulado “Para construir paz y esperanza: Verdad, justicia y reconciliación”, los obispos señalaron que los acontecimientos que precedieron y siguieron al 11 de septiembre, marcados por la violencia, el sufrimiento y la muerte, siguen presentes en la memoria del país.

Una historia que todavía genera dolor

Los obispos reconocieron que el 11 de septiembre continúa siendo una fecha que suscita divisiones y opiniones encontradas. Ante esta realidad, plantearon la necesidad de mirar hacia el futuro desde la capacidad de entendimiento y desde aquello que une a los chilenos.

“La legítima diversidad de miradas” —señalaron— no debería impedir reconocer la pertenencia común a la Patria ni debilitar la voluntad de trabajar por el bien común.

En ese camino, destacaron especialmente la necesidad de mantener una cercanía sincera y misericordiosa con quienes fueron víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, con quienes sufrieron la muerte o desaparición forzada de sus seres queridos y, de manera particular, con las familias de los detenidos desaparecidos.

La Iglesia, afirmaron, mantendrá su compromiso de acompañamiento y de búsqueda de la verdad.

Verdad y justicia para sanar las heridas

El mensaje propone varios caminos para reconstruir la paz social y sanar las heridas de la sociedad chilena. El primero es conocer la verdad sobre lo ocurrido, honrar la memoria de las víctimas y evitar cualquier manipulación del pasado.

Para los obispos, conocer plenamente la verdad no debe convertirse en una herramienta para alimentar enfrentamientos, sino en un fundamento ético que permita impedir que los abusos y atropellos vuelvan a repetirse.

Junto con la verdad, subrayaron la importancia de la justicia. Advirtieron que no puede existir una reconciliación auténtica cuando permanece la sensación o la realidad de la impunidad. Por ello, llamaron a que la justicia sea aplicada con rigor e imparcialidad, sin dar lugar al odio ni a la venganza.

Reconocer el sufrimiento y abrir camino al perdón

La Conferencia Episcopal también llamó a reconocer el dolor de quienes sufrieron violencia, persecución, prisión, exilio o la pérdida de familiares.

Los obispos precisaron que reconocer estos sufrimientos no significa equiparar responsabilidades éticas o jurídicas ni relativizar los hechos históricos, sino acoger con respeto y compasión a quienes han cargado con sus consecuencias.

En este contexto, destacaron el perdón como una de las grandes contribuciones del cristianismo a la convivencia humana. Perdonar, explicaron, no significa justificar el mal ni olvidar lo ocurrido, sino evitar que el pasado se transforme en una condena permanente de odio.

El perdón, añadieron, también requiere un arrepentimiento sincero, reparación del mal cometido y disposición a contribuir a la verdad.

El mensaje recuerda, en este punto, las palabras de San Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”, pronunciadas en su Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, en 2002.

Una sociedad donde las diferencias no se conviertan en enemistad

Los obispos llamaron además a renunciar a las visiones absolutas que convierten a quienes piensan diferente en enemigos.

Esta invitación, aclararon, no significa relativizar la dignidad humana ni justificar las violaciones a los derechos humanos, sino buscar una comprensión que permita aprender de la historia y evitar nuevas fracturas entre los miembros de una misma sociedad.

Para ello, consideraron fundamental fortalecer las instituciones democráticas, el Estado de derecho, los tribunales independientes e imparciales, el respeto a las leyes, las autoridades legitimadas y los mecanismos democráticos capaces de encauzar las diferencias.

Una memoria que ayude a unir

Otro de los desafíos planteados es avanzar hacia una memoria compartida que contribuya a sanar y no a prolongar los enfrentamientos del pasado.

Los obispos expresaron el deseo de que las nuevas generaciones puedan conocer la historia y aprender de ella sin quedar atrapadas en las divisiones que marcaron a generaciones anteriores.

“Que el dolor nos enseñe a convivir en paz y a cuidar juntos la dignidad de todos”, señalaron.

A la vez, propusieron mirar hacia un proyecto común de futuro, capaz de unir a los chilenos en desafíos concretos como superar la pobreza y la marginación, proteger a los más vulnerables, educar a los jóvenes, recuperar la seguridad, generar trabajo digno y fortalecer a las familias y comunidades.

“Verdad sin odio, justicia sin venganza”

El Comité Permanente afirmó que una sociedad reconciliada puede mantener profundas diferencias ideológicas. Lo decisivo, señalaron, es que esas diferencias puedan desarrollarse dentro de una sólida amistad cívica.

“Quien piensa distinto no deja por ello de ser miembro de la comunidad”, expresaron.

En esa perspectiva, los obispos resumieron su propuesta con una serie de expresiones que condensan el sentido del mensaje: verdad sin odio, justicia sin venganza, memoria sin resentimiento, perdón sin olvido y futuro sin exclusiones.

Finalmente, invitaron a mirar con esperanza aquello que une a los chilenos y a trabajar juntos por una nación donde cada persona pueda ocupar un lugar digno y respetado.

El mensaje concluye confiando a Chile a la protección de la Santísima Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, para que consuele a quienes han sufrido e inspire en todos la capacidad de reconocerse y tratarse como hermanos.

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