Su Santidad el Papa León XIV: “La Iglesia está llamada a caminar junta, en comunión y humildad”

Ciudad del Vaticano. – En la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV presidió este domingo 26 de octubre la Santa Misa con motivo del Jubileo de los Equipos Sinodales y de los Órganos de Participación, XXX Domingo del Tiempo Ordinario.
En su homilía, el Santo Padre invitó a los fieles a redescubrir el misterio de la Iglesia como signo visible de la unión entre Dios y los hombres, recordando que “la Iglesia no es una simple institución religiosa ni se identifica con sus jerarquías, sino que es el pueblo de hijos amados, unidos en el único abrazo de su amor”.
El Pontífice destacó que los equipos sinodales y los organismos de participación son una expresión concreta de la comunión eclesial generada por el Espíritu Santo, subrayando que en la Iglesia “las relaciones no responden a las lógicas del poder, sino a las del amor”.
“Nadie está llamado a mandar, todos lo son a servir; nadie debe imponer sus ideas, todos deben escucharse recíprocamente”, afirmó el Papa, haciendo referencia a la llamada a la sinodalidad que ha marcado el pontificado actual.
A partir de la parábola del fariseo y el publicano, León XIV exhortó a evitar las actitudes de autosuficiencia y juicio hacia los demás, invitando a los cristianos a cultivar la humildad del publicano que se reconoce necesitado de Dios.
“Esto también puede suceder en la comunidad cristiana —advirtió—, cuando el yo prevalece sobre el nosotros, generando personalismos que impiden relaciones fraternas”.
El Papa alentó a los equipos sinodales a ser “artesanos de unidad”, fieles al llamado de “caminar juntos”, expresión central del proceso sinodal impulsado por el Vaticano. Recalcó que el discernimiento eclesial exige humildad, oración, apertura y abandono a la voluntad de Dios, más allá de posturas personales o de grupo.
Finalmente, el Papa León XIV invitó a soñar con una Iglesia humilde y servidora, que “no se mantiene erguida como el fariseo, sino que se abaja para lavar los pies de la humanidad”, y confió esta misión a la intercesión de la Virgen María, citando las palabras del siervo de Dios don Tonino Bello, quien pedía a María apagar las divisiones y reconciliar los corazones dentro de la Iglesia.
“Que el Señor nos conceda la gracia de permanecer enraizados en su amor para vivir en comunión entre nosotros —concluyó—. De ser, como Iglesia, testigos de unidad y de amor”.
