EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 21 DE ENERO

Primera lectura 1 Sam 17, 32-33.37.40-51
• Venció David al filisteo con una honda y una piedra.
En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y este le dijo: «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre. Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».
Pero Saúl respondió: «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».
David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo».
Entonces Saúl le dijo: «Vete, y que el Señor esté contigo».
Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.
El filisteo le dijo: «¿Me has tomado por un perro, para que vengas a mí con palos?»
Y maldijo a David por sus dioses. El filisteo siguió diciéndole: «Acércate y echaré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo».
David le respondió: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel. Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y os va a entregar en nuestras manos».
Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió veloz a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.
Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.
David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.
Palabra de Dios
Salmo responsorial | Sal 143, 1.2.9-10
℟. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. ℟
Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. ℟
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. ℟
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6
• ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?
En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio».
Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio
San Beda el venerable (s. VIII) • Sobre el Evangelio de san Marcos.
Después que el Señor excusó con un ejemplo irrefutable la transgresión del sábado, de que acusaban a sus discípulos, intentan ahora calumniarle a El mismo: se preparan para acusarlo de trasgresión legal si cura en sábado, y de cruel o inhumano si no cura.
«Y díjole al hombre que tenía seca la mano: Ponte en medio». Considerado místicamente, este hombre que tenía la mano seca representa al género humano infecundo para el bien, pero curado por la misericordia de Dios. Su diestra se había secado en nuestro primer padre, cuando cogió el fruto del árbol vedado, y fue curado con el jugo de las buenas obras por la gracia del Redentor cuando tendió sus manos inocentes al árbol de la cruz. Y con razón se presentaba seca la mano en la sinagoga, porque donde es mayor el don de ciencia es más grave el peligro de falta inexcusable.
Y previniendo la calumnia que habían preparado los judíos, los reprende porque con su mala interpretación violaban los preceptos de la ley. «Y a ellos les dice: ¿Es lícito en sábado hacer bien o mal?» Los interroga de este modo, porque juzgaban que ni aun las buenas obras debían hacerse en sábado, siendo así que la ley mandaba abstenerse de las malas, según estas palabras: «No haréis obra servil en este día» (Lev 23, 7), esto es, el pecado. Porque el que comete pecado, es siervo del pecado. Esta pregunta: «hacer bien o mal» (Jn 8, 34), es igual a la que añade luego: «salvar o perder su alma». Es decir, curar o no al hombre entero. No porque Dios, sumo bien, pueda ser autor de perdición para nosotros, sino porque, según costumbre de la Escritura, el no salvar al hombre es perderlo. Mas si alguno se pregunta por qué el Señor habla de la salvación del alma cuando va a curar el cuerpo, tenga presente que el alma, a tenor de las Escrituras, se pone por el hombre, como si se dijera: éstas son las almas que salieron del muslo de Jacob; o que hacía aquellos milagros por la salud del alma, o que la misma cura de la mano significaba la del alma (Ex 1, 5).
Los fariseos, reputando como un crimen el que a la voz del Señor se hubiese extendido sana la mano que estaba seca, celebraron consejo para hacer morir al Salvador; por lo que dice: «Pero los fariseos, saliendo de allí» Como si cada uno de ellos no hiciera mayores cosas en los sábados, llevando sus comidas, presentando el cáliz y haciendo todo lo demás necesario para la vida. ¿Se podía, pues, convencer de no trabajar en sábado a Aquel que dijo y todo fue hecho en el acto?
Llama herodianos a los servidores del Tetrarca Herodes, los cuales por el odio que su señor tenía a San Juan, y también porque éste anunciaba al Salvador, perseguían al Señor con insidias y con el mismo odio.



