La Santa Sede

El Papa León XIV llama en Argelia a construir una cultura del encuentro y de la justicia

En el inicio de su viaje apostólico por África, el Pontífice exhorta a las autoridades y a la sociedad civil argelina a promover el bien común, la solidaridad y el diálogo como caminos para la paz duradera.

Un peregrino de paz entre pueblos hermanos

En el marco de su visita apostólica a África, el Papa León XIV se dirigió a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en Argel, donde se presentó como “peregrino de paz” y hermano entre los pueblos.

Desde el Centro de Convenciones “Djamaa el Djazair”, el Santo Padre expresó su gratitud por la acogida y recordó sus vínculos espirituales con la tierra de Argelia, evocando la figura de San Agustín. En un tono cercano, subrayó que la humanidad comparte un mismo origen: “Somos una sola familia”, afirmó, invitando a redescubrir esta verdad como clave para abrir caminos de reconciliación.

La justicia que nace de la solidaridad

El Pontífice destacó el valor de la hospitalidad y la solidaridad profundamente arraigadas en el pueblo argelino, señalando que prácticas como la sadaka —la limosna entendida como justicia— revelan una comprensión auténtica de la dignidad humana.

Advirtió, sin embargo, sobre el peligro de sociedades que, en nombre del progreso, caen en la desigualdad y la exclusión. “Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios”, expresó, denunciando también las dinámicas de poder que generan injusticias, especialmente en contextos marcados por heridas históricas y nuevas formas de dominación.

África, protagonista de un nuevo rumbo histórico

En su discurso, el Papa alentó a Argelia a aportar su experiencia al escenario internacional, promoviendo el respeto del derecho y la dignidad de todos los pueblos. Retomando enseñanzas de Benedicto XVI y Francisco, recordó que la globalización puede ser una oportunidad para redistribuir la riqueza, pero también un riesgo si no se orienta al bien común.

El Santo Padre insistió en la necesidad de incluir a los más vulnerables en la vida social y política, reconociendo en ellos una fuerza capaz de renovar las estructuras y abrir horizontes de esperanza.

Autoridad como servicio y protagonismo de los jóvenes

Dirigiéndose a quienes ejercen responsabilidades públicas, el Papa subrayó que la verdadera autoridad se fundamenta en el servicio. Invitó a fortalecer una sociedad civil “viva, dinámica y libre”, donde los jóvenes sean reconocidos como protagonistas del futuro.

Asimismo, reafirmó la disposición de la Iglesia católica a colaborar en la construcción del bien común, destacando el papel de Argelia como puente entre culturas, religiones y continentes.

El Mediterráneo y el Sáhara: llamados a la vida y no a la muerte

Con una fuerte carga simbólica, el Pontífice evocó el Mar Mediterráneo y el Desierto del Sahara como espacios de encuentro entre pueblos a lo largo de la historia. Sin embargo, lamentó que hoy puedan convertirse en “cementerios donde muere la esperanza”.

Frente a ello, llamó a “multiplicar los oasis de paz” y a combatir toda forma de explotación de la vida humana, recordando que la dignidad de cada persona es inviolable.

Educar para el diálogo y sanar la memoria

En la parte final de su mensaje, el Papa abordó los desafíos contemporáneos, como el fundamentalismo y la secularización, que pueden desfigurar el sentido auténtico de Dios y de la persona.

Ante estas tensiones, propuso un camino de educación en la libertad, el pensamiento crítico y el diálogo, donde el otro sea reconocido como “compañero de viaje”. También exhortó a trabajar por la reconciliación y la sanación de la memoria histórica.

Con una invocación final, el Santo Padre pidió abundantes bendiciones para el pueblo argelino, confiando en que su testimonio de fe y solidaridad contribuya a la construcción de un mundo más justo y fraterno.

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