La Santa Sede

El Papa León XIV lleva consuelo y esperanza a los ancianos en Annaba

En su visita a un hogar de las Hermanitas de los Pobres, el Santo Padre destacó el valor del amor concreto y la fraternidad como signo vivo de la presencia de Dios en medio del sufrimiento.

Un hogar donde habita Dios

En el marco de su Viaje Apostólico a África, el Papa León XIV visitó el Hogar de Acogida para Mayores de las Hermanitas de los Pobres en Annaba, donde fue recibido con alegría por religiosas, residentes y colaboradores.

Desde el inicio de su saludo, el Santo Padre expresó su cercanía con un saludo de paz: “¡Buenos días! As-salamu alaykum”, manifestando así su respeto y apertura en un contexto marcado por la diversidad cultural y religiosa.

El Pontífice compartió su profunda alegría por encontrarse en un lugar donde el amor se hace visible en el servicio cotidiano: “Estoy contento porque Dios habita aquí, porque donde hay amor y servicio, allí está Dios”.

La ternura de Dios en los pequeños

Agradeciendo la labor de las Hermanitas de los Pobres y del personal, el Papa subrayó el valor del cuidado a los ancianos como una expresión concreta del Evangelio. Recordó las palabras de Jesús en el Evangelio, resaltando cómo Dios se revela en la sencillez y en los pequeños.

En este contexto, valoró también el testimonio compartido durante el encuentro, que mostró cómo la fraternidad vivida día a día se convierte en signo de esperanza, incluso en medio de un mundo herido por la violencia y la injusticia.

Un signo de esperanza en medio del dolor del mundo

El Santo Padre ofreció una reflexión profunda sobre el sufrimiento presente en la humanidad: guerras, injusticias y mentiras que desgarran el corazón de Dios. Sin embargo, afirmó con firmeza que el Señor camina junto a los humildes, construyendo con ellos un Reino de amor y paz.

En este hogar, donde la vida comunitaria se sostiene en la amistad y el servicio, el Papa reconoció un verdadero testimonio de ese Reino que crece silenciosamente.

Cercanía, oración y bendición

Al concluir su visita, el Papa León XIV agradeció el encuentro con palabras sencillas y cercanas, asegurando su oración por todos los presentes.

Con afecto paternal, impartió su bendición, dejando en los corazones de los ancianos, religiosas y trabajadores un mensaje claro: allí donde se vive el amor, nunca falta la esperanza.

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