San Alfonso María de Ligorio invita a redescubrir el bien y el mal, afirmó Mons. Cristino Ramos González

El Obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción presidió la celebración en honor al patrono de la Cuasi Parroquia San Alfonso y exhortó a recuperar el sentido del pecado, fortalecer la educación cristiana en las familias y formar verdaderos discípulos de Jesucristo.
«Hemos perdido el sentido del pecado»
En el marco de la fiesta patronal de la Cuasi Parroquia San Alfonso María de Ligorio, el obispo de la Diócesis de la Santísima Concepción, Mons. Cristino Ramos González, centró su homilía en la llamada de San Pablo a Timoteo: «Proclama la Palabra; insiste a tiempo y a destiempo; reprende, reprocha y exhorta con toda paciencia y deseo de instruir».
El prelado explicó que estas palabras continúan siendo un llamado urgente para la Iglesia de hoy, especialmente en un contexto donde, según expresó, muchas personas han perdido la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.
«Muchos han perdido el sentido del pecado. Y si uno pierde el sentido de lo que está mal, ¿cómo va a mejorar?», reflexionó.
San Alfonso, maestro de la teología moral
Durante su predicación, Mons. Ramos recordó que San Alfonso María de Ligorio es reconocido como uno de los grandes doctores de la Iglesia y patrono de la teología moral. Destacó que su enseñanza sigue siendo actual porque ayuda a discernir aquello que conduce a Dios y aquello que aparta de Él.
Explicó que la teología moral no consiste únicamente en señalar pecados, sino en formar la conciencia cristiana para vivir conforme al Evangelio y a la voluntad de Dios.
La familia, primera escuela de la fe
Uno de los momentos más significativos de la homilía estuvo dedicado a la misión de los padres en la educación cristiana de sus hijos.
El obispo lamentó que muchas responsabilidades que corresponden a la familia hayan sido trasladadas a los catequistas o a la escuela, recordando que la transmisión de la fe comienza en el hogar.
Con ejemplos sencillos de la vida cotidiana, insistió en la importancia de enseñar desde pequeños el respeto a los padres, la obediencia, la solidaridad y el servicio hacia los demás.
Asimismo, recordó que los hijos no nacen sabiendo distinguir entre el bien y el mal, por lo que corresponde a los padres corregir, orientar y educar con amor, siguiendo la exhortación de San Pablo.
Ser discípulos de Cristo en la vida diaria
Al reflexionar sobre el Evangelio según San Mateo, Mons. Ramos explicó que el mandato de Jesús no consiste simplemente en «ir», sino en hacer discípulos.
Señaló que el cristiano está llamado a evangelizar en cualquier circunstancia de la vida: trabajando, estudiando, compartiendo en familia o desempeñando cualquier servicio.
«La misión es hacer seguidores de Cristo mientras vivimos nuestra vida cotidiana», expresó al explicar el sentido del envío misionero del Señor.
Un llamado a vivir con mayor coherencia
El obispo también invitó a examinar el uso que se hace de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, señalando que muchas veces ocupan un espacio que debería destinarse al encuentro personal, al diálogo familiar y a la comunión entre las personas.
A través de experiencias vividas durante su ministerio sacerdotal y de su formación en Alemania, animó a valorar nuevamente el tiempo compartido con los demás, privilegiando las relaciones humanas por encima de la dependencia del teléfono celular.
Aprender de la vida de los santos
En la parte final de la homilía, Mons. Cristino Ramos invitó a los fieles a conocer más profundamente la vida de los santos y no quedarse únicamente con las expresiones de devoción popular.
Recordó que San Alfonso María de Ligorio fue un hombre profundamente enamorado de la Eucaristía y autor de la conocida oración de la Comunión Espiritual, ampliamente difundida en la Iglesia.
Finalmente, encomendó a toda la comunidad a la intercesión de su santo patrono para que Dios conceda a cada fiel la gracia de crecer en sabiduría, fortalecer la conciencia moral y vivir siempre el bien.
«Que San Alfonso María de Ligorio interceda por nosotros para que sepamos distinguir lo bueno de lo malo y que el Espíritu Santo nos ayude a vivir siempre el bien», concluyó el obispo.



