Homilías de los Sacerdotes

Cardenal Adalberto Martínez inauguró el novenario de Nuestra Señora de la Asunción con un llamado a la conversión, el servicio y la esperanza

En el primer día del novenario en honor a Nuestra Señora de la Asunción, patrona de la República del Paraguay, el cardenal Adalberto Martínez Flores invitó a los fieles a preparar el corazón para la gran solemnidad del 15 de agosto. Durante su homilía destacó el ejemplo de la Virgen María como modelo de humildad, obediencia y servicio, exhortando además a trabajar por una patria reconciliada, justa y solidaria.

Un tiempo de preparación espiritual

Con la celebración del primer día del novenario, la Iglesia en Paraguay dio inicio al camino de preparación hacia la solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción. En su homilía, el cardenal Adalberto Martínez Flores recordó que estos nueve días constituyen una oportunidad para renovar la vida espiritual mediante la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la conversión del corazón.

«Es un tiempo para volver a aprender de María cómo seguir más fielmente a Jesucristo», expresó el purpurado, invitando a los fieles a disponerse con un espíritu renovado para la fiesta patronal del próximo 15 de agosto.

Los 75 años del patronazgo de la República

El arzobispo de Asunción recordó que este año el novenario reviste un significado especial al celebrarse los 75 años de la proclamación de Nuestra Señora de la Asunción como patrona de la República del Paraguay, realizada por el papa Pío XII en 1951.

Asimismo, hizo referencia al título de Mariscala de las Fuerzas Armadas del Paraguay, aclarando que este reconocimiento no debe interpretarse únicamente desde una perspectiva militar.

«El bastón de mando que sostiene María expresa el servicio. Ella nos enseña que la verdadera autoridad consiste en servir a Dios y a los hermanos», afirmó.

También anunció que en los próximos días será bendecida la nueva imagen de Nuestra Señora de la Asunción que será emplazada en la Costanera de Asunción, como un signo visible de la protección maternal de la Virgen sobre la ciudad y el país.

María, la mujer gloriosa por su humildad

Reflexionando sobre el misterio de la Asunción de María, el cardenal explicó que la gloria de la Virgen no proviene del poder ni de los honores humanos, sino de su total disponibilidad a la voluntad de Dios.

Recordó las palabras del Magníficat: «El Señor ha mirado la humildad de su sierva», señalando que María alcanzó la plenitud de la gloria porque respondió con fe al llamado divino: «Aquí está la servidora del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Subrayó además que la Asunción anticipa el destino prometido por Dios a todos aquellos que permanecen fieles a Cristo, convirtiéndose en signo de esperanza para toda la Iglesia.

«Yo te amé con amor eterno»

Meditando la primera lectura del profeta Jeremías, el cardenal destacó el amor fiel e incondicional de Dios hacia su pueblo.

«Nuestro país necesita volver a descubrir que Dios no se cansa de amarnos», expresó, recordando que el Señor nunca abandona a sus hijos, incluso en medio del sufrimiento, las dificultades y las heridas personales.

En ese contexto invitó a reconstruir la vida familiar y social fortaleciendo la confianza, defendiendo la vida, promoviendo la justicia y colocando nuevamente a Dios en el centro de la existencia.

María, Madre de la esperanza

Al comentar el salmo responsorial, el purpurado presentó a Cristo como el Buen Pastor que cuida especialmente a los más débiles y afirmó que María participa de esa misma solicitud maternal.

Recordó que muchas personas llegan al novenario llevando enfermedades, preocupaciones familiares, dificultades económicas y profundas heridas interiores.

«Una madre creyente siempre tendrá una luz aun en medio de sus lágrimas, y esa luz es la esperanza», afirmó, recordando que María permaneció firme junto a la cruz y continúa acompañando el sufrimiento de sus hijos.

La dignidad de la mujer en el Evangelio

Al reflexionar sobre el Evangelio de la mujer cananea, el cardenal resaltó cómo Jesús devuelve la dignidad a las mujeres a lo largo de toda la Sagrada Escritura.

Mencionó a la samaritana, la hemorroísa, la viuda de Naín, Marta y María, la mujer sorprendida en adulterio y María Magdalena, señalando que el Señor escucha, sana, llama y confía una misión a las mujeres.

Asimismo, manifestó su preocupación por tantas mujeres que hoy padecen violencia, pobreza, exclusión y feminicidios, recordando que la Iglesia está llamada a defender siempre la dignidad de toda mujer.

Presentó a María como el modelo perfecto de la mujer creyente y orante, llena de gracia y totalmente disponible al proyecto de Dios.

«Hagan lo que Él les diga»

Uno de los momentos centrales de la homilía estuvo marcado por la invitación a vivir una auténtica devoción mariana.

El cardenal recordó que las últimas palabras de María recogidas en el Evangelio constituyen su verdadero testamento espiritual: «Hagan lo que Él les diga».

Explicó que amar verdaderamente a la Virgen significa escuchar a Jesucristo, guardar sus mandamientos y vivir el Evangelio.

Advirtió que toda corrupción social tiene su origen en la corrupción del corazón cuando el ser humano deja de escuchar a Dios y de vivir según sus mandamientos.

«La corrupción no empieza en las instituciones; empieza en el corazón humano», afirmó.

Una fe que se traduce en servicio

En sintonía con el Año del Bien Común, el cardenal exhortó a los fieles a alimentar no solo el cuerpo, sino también al prójimo mediante la justicia, la solidaridad, la verdad, la reconciliación y la esperanza.

Recordó que no es posible honrar auténticamente a la Virgen permaneciendo indiferentes ante los pobres, enfermos, ancianos, niños, pueblos indígenas, migrantes y todas las personas que viven situaciones de exclusión.

«La vida de María fue servicio», señaló, recordando su pronta visita a Isabel, su permanencia junto a la cruz y su presencia constante con la primera comunidad cristiana.

Orar por un Paraguay reconciliado

Al concluir la celebración, el cardenal Adalberto Martínez invitó a todos los fieles a vivir intensamente el novenario, dejándose transformar por el amor eterno de Dios y fortalecidos por la Eucaristía.

Finalmente, encomendó el Paraguay entero a la protección maternal de Nuestra Señora de la Asunción, elevando una oración para que el país pueda crecer en la reconciliación, la justicia, la solidaridad y la paz.

«Patrona del Paraguay, Madre de Ciudades y Madre de la Iglesia, intercede por nosotros para que vivamos el Evangelio con fidelidad y construyamos una patria reconciliada, justa, solidaria y en paz», concluyó.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba