EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO | 27 DE OCTUBRE

Primera lectura | Ef 5, 21-33
Hermanos: Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.
Palabra de Dios
Salmo responsorialSal 127 (128), 1-5
℟. Dichosos los que temen al Señor.
Dichoso el que teme al Señory sigue sus caminos.Comerás del fruto de tu trabajo,serás dichoso, te irá bien. ℟
Tu mujer, como parra fecunda,en medio de tu casa;tus hijos, como renuevos de olivo,alrededor de tu mesa. ℟
Esta es la bendición del hombreque teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,que veas la prosperidad de Jerusaléntodos los días de tu vida.
Evangelio |Lc 13, 18-21
En aquel tiempo, decía Jesús:«¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».Y dijo de nuevo:«¿A qué compararé el reino de Dios?Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia (s. IV)
Comprender el signo de la levadura. Homilías n. 46, 2.El Señor propone la parábola de la levadura. «Lo mismo que la levadura comunica su fuerza invisible a toda la masa, también la fuerza del Evangelio transformará el mundo entero gracias al ministerio de mis apóstoles. No me digas: “¿Qué podemos hacer, nosotros doce miserables pecadores, frente al mundo entero?” Precisamente ésta es la enorme diferencia entre causa y efecto, la victoria de un puñado de hombres frente a la multitud, que demostrará el esplendor de vuestro poder. ¿No es enterrando la levadura en la masa, ‘escondiéndola’, lo que según el Evangelio, transforma toda la masa? Así, también vosotros, apóstoles míos, mezclándoos con la masa de los pueblos, es como la penetraréis de vuestro espíritu y como triunfaréis sobre vuestros adversarios.La levadura, desapareciendo en la masa, no pierde su fuerza; al contrario, cambia la naturaleza de toda la masa. De la misma manera, vuestra predicación cambiará a todos los pueblos. Por tanto, confiad: «Es Cristo el que da fuerza a esta levadura» No le reprochéis, pues, el reducido número de sus discípulos: es la fuerza del mensaje lo que es grande. Basta una chispa para convertir en un incendio algunos pedazos de bosque seco, que rápidamente inflamarán a su alrededor todo el bosque verde.



