Homilías de los Sacerdotes

«La fraternidad comienza cuando vencemos el miedo y aprendemos a mirar al otro como hermano»: P. Ramón Chamorro

En el cuarto día de la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el misionero redentorista invitó a los fieles a construir comunidades más fraternas, recordando que el miedo, el individualismo y la indiferencia son obstáculos que solo pueden superarse desde la experiencia del amor de Dios.

La fraternidad, una identidad propia del cristiano

Durante la homilía, el Rvdo. Pbro. Ramón Chamorro, C.Ss.R., desarrolló el tema «Construir la fraternidad», señalando que este llamado no responde a una idea pasajera, sino que forma parte de la esencia del Evangelio.

Al inicio de su reflexión, además de saludar a la comunidad reunida, elevó una oración por todos los padres en su día y recordó especialmente a las madres que, por diversas circunstancias, cumplen también la misión de padre en sus hogares.

El sacerdote explicó que la fraternidad constituye la identidad misma del Reino de Dios y desafía a los cristianos a vivir relaciones marcadas por el respeto, la cercanía y el servicio mutuo.

«No tengan miedo»: el primer paso para vivir como hermanos

Reflexionando sobre el Evangelio de san Mateo, el predicador destacó que Jesús repite en varias ocasiones la invitación a no tener miedo.

Explicó que el temor suele convertirse en el principal obstáculo para construir relaciones auténticas, ya que lleva a desconfiar del prójimo, levantar barreras y aislarse de los demás.

«Cuando tenemos miedo del otro, dejamos de verlo como un hermano y comenzamos a tratarlo como una amenaza. Solo la confianza en Dios nos da la valentía para salir de nosotros mismos y construir fraternidad», afirmó.

Como gesto concreto, invitó a los fieles a mirar a las personas que tenían a su lado durante la celebración y a redescubrir que, más allá de las diferencias de origen, cultura, situación económica o pensamiento, todos son hijos de un mismo Padre.

La fraternidad también se construye en los pequeños gestos

Durante la predicación, el P. Chamorro insistió en que la fraternidad comienza con acciones sencillas que muchas veces se descuidan en la vida cotidiana.

Animó a recuperar el valor del saludo, de la cercanía y del trato amable tanto en la familia como en la comunidad parroquial, señalando que estos pequeños gestos crean ambientes donde las personas se sienten acogidas y valoradas.

Asimismo, recordó que vivir la fraternidad significa aprender a mirar a todos con igualdad, sin sentirse superior ni inferior a nadie, reconociendo la misma dignidad que Dios concede a cada persona.

Cuatro pilares para construir comunidades cristianas

Tomando como referencia la primera comunidad cristiana descrita en el libro de los Hechos de los Apóstoles, el sacerdote presentó cuatro pilares que sostienen una auténtica fraternidad.

El primero es la escucha de la Palabra de Dios, que reúne a los creyentes en torno a Cristo, fuente de toda comunión.

El segundo es la comunión y el compartir, invitando a estar atentos a las necesidades de los demás y a vencer el egoísmo mediante la solidaridad.

El tercero es la Eucaristía, donde todos los fieles, sin distinción alguna, forman un solo cuerpo en Cristo y fortalecen los lazos de unidad.

Finalmente, destacó la oración, como el camino para pedir la gracia de amar incluso a quienes resultan difíciles de aceptar, recordando que el perdón y la reconciliación solo son posibles con la ayuda de Dios.

Reconocer a Cristo viviendo el Evangelio

Al explicar las palabras de Jesús: «Al que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre», el P. Chamorro señaló que reconocer a Cristo no consiste únicamente en profesar la fe con palabras.

Subrayó que el verdadero testimonio cristiano se manifiesta cuando el creyente elige el perdón antes que la venganza, el diálogo antes que el conflicto y la solidaridad antes que la indiferencia.

Recordó también la enseñanza del Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, donde, inspirándose en la parábola del Buen Samaritano, invita a reconocer como prójimo a toda persona necesitada, superando las barreras políticas, sociales, culturales o religiosas.

María enseña a derribar los muros del corazón

Al concluir la homilía, el sacerdote dirigió la mirada de los fieles hacia la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, contemplando al Niño Jesús aferrado a la mano de su Madre mientras experimenta el temor ante la cruz.

Explicó que, así como María sostuvo a su Hijo y le transmitió confianza, también hoy acompaña a quienes sienten miedo de perdonar, de abrir el corazón o de comprometerse con la vida de la comunidad.

Finalmente, invitó a pedir la intercesión de la Madre del Perpetuo Socorro para que conceda a todos un corazón capaz de derribar los muros del miedo y convertirse en auténticos constructores de fraternidad, llevando el amor de Cristo a las familias, las comunidades y toda la sociedad.

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